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Donde la locura alcanza su sentido

El Atlético ha captado el mensaje

El Atlético ha captado el mensaje

Después de un decenio de anónimo trayecto, este Atlético ha vendido su victimismo al mejor postor. Desconozco -y reconozco que me importa bien poco- quien ha podido entrar en este mercado de dudoso reconocimiento, pero el fatalismo dibujado de alfa y omega del club ha dado paso a la locura, la ilusión y la relevancia de quien parecía haber adoptado la derrota como escudo de su devenir.

Quince jornadas disputadas y el equipo de Javier Aguirre ha sabido aunar la tendencia victoriosa con una vorágine en la que el descontrol se ha apoderado de cada domingo rojiblanco. Ver al Atlético ahora no supone un trastorno en ese incuestionable sentimiento, sino una casi obligación disfrazada de ese optimismo inédito temporadas atrás, cuando lo simple se adueñaba del funcionamiento del equipo. Tal era esa evidencia que el destino ha sido el unico camino por el que jugadores, dirigentes e incluso aficionados se han guiado en un tortuosa ruta que ha dejado la incuestionable grandeza de antaño como un mero y trágico paso de la historia. Consuela mucho sentirse víctima del destino, de la mala suerte, de la desgracia y de una suerte de conspiración universal. Sin embargo, es pésimo como modelo de funcionamiento.

Acudir a la frase "El Atlético es así" ha dejado de funcionar como axioma. Hasta entonces resultaba simpática, incluso agradable cuando se debía escudar fracaso tras fracaso en una forma de vida que conducía a un abismo que los atléticos -de cualquier naturaleza- hemos podido saborear. Sin embargo, ese disfraz de perdedor se quedó anticuado cuando la deuda histórica del club ha adquirido dimensiones de ridícula y oscura comedia. Por ello, y al borde del ecuador liguero, con la UEFA y la Copa del Rey en el horizonte triunfante; el equipo ha captado un mensaje enunciado desde el comienzo y plasmado a fecha de hoy. 

El partido del domingo ante el Getafe es un ejemplo de ello. El Atlético se ha conjurado contra el matiz perdedor y reconoce las oportunidades, siempre dando paso a la ruleta rusa que dispara las balas que carga. Ahora reconoce al rival desde el comienzo aunque otorgándole la oportunidad de apreciar a quien tiene delante. Si no es así, esta plantilla ha sabido armarse de conciencia para no dar tregua. Los jugadores saben de ese cambio de identidad que ha marcado esta inflexión y son la base hacia la fortificación de una delgada frontera fácilmente traspasable.

                                                                                   

Ya lo ha dicho Perea: "Quizá en otras temporadas habíamos perdido el partido". Ahora no. El mundo atlético ha sabido adecuar las múltiples necesidades acumuladas hasta el momento con síntomas de indudable recuperación. El vértigo de su juego, la fiesta que supone cada encuentro o la consagración de Agüero como una estrella han devuelto a los rojiblancos al lugar futbolístico que se merece. Afortunadamente, todos han entendido el mensaje. Entonces, el éxito es posible.

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