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Donde la locura alcanza su sentido

El futbolista milimétrico

El futbolista milimétrico

La madurez que Xavi Hernández ha alcanzado en su fútbol le ha convertido en el líder que marca la música de Barcelona y de la Selección Española. Con una batuta milemétrica que ritmea el estilo de sus equipos, Xavi también ha impregnado de seda el fútbol que despachan ambos equipos. Su forma de ensemblar su juego trae consigo el aprecio por el control, la obsesión por la precisión, el desprecio por la patada. Despacha a la perfección los conceptos básicos que su diccionario futbolístico muestra: control, pase y movimiento. Fotografías inequívocas que el Barça de las temporadas 2004-2005 y 2005-2006, el actual y la España campeona de Europa muestran.

La llegada de Xavi al primer equipo respondió a esa cultura que el Barcelona generó con el post-cruyffismo. Aterrizó en él para dar el relevo generacional a Guardiola, el jefe de la banda, cuando el suyo fue un despacho injusto alineado con un fin prematuro. En aquel equipo, Xavi buscó y encontró el papel de catalizador que ahora rezuma. Supo que la idea futbolística a desarrollar pasaba por su mecanicismo, por su precisión. Sin embargo, Xavi se infiltró en un centro del campo inocuo en su creación y desenfocado en su estilo. Un centro del campo faltó en su fondo, aburrido en su forma. Era el Barcelona holandizado, el de Van Gaal, el de la nada. Un Barcelona en busca de una identidad borrada con la necesidad y la impaciencia que el fútbol lleva consigo.

No fue hasta la llegada de Rijkaard al banquillo del equipo catalán cuando Xavi asumió el rol que, sin la finura de otros estilistas, trae consigo su baile de movimientos. Abondó la soledad de la medianía, para liderar la idea que desde entonces el Barça desarrolla. Con su 1’70 de estatura, el papel de complemento en un centro del campo rígido no era el suyo. Ni el de obstructor en tares defensivas. Necesitaba un espadero tras él para dotar de mecánica la milimetría que aquel equipo podía desprender. En aquel momento fue el fichaje navideño de Davids el que liberó a Xavi de la horizontalidad, para ubicarle en  la línea de tres cuartos y desde ahí capitanear la verticalidad del equipo. Amplió su perímetro de trabajo y adelantó su posición unos metros para abarcar el enlace ofensivo con la construcción trasera. Y entonces el Barcelona abandonó el fútbol funcionarial para dar paso a un juego matemático con dosis de pura indefición. Anárquico de modales aristocráticos.

Llegaron los títulos y con ellos el asentamiento definitivo que la huella de Xavi dejó en una marca barcelonista modelada desde la salida de Cruyff. Su papel en todos los aspectos del juego, cada vez más participativo y presencial, otorgó al jugador la perfección en su cirulación, la exactitud de sus lecturas o el aprendizaje para golear. El futbolista completo para equipos complejos. Pero no ha sido tanto con los títulos en el Barcelona, como con la consecución de la Eurocopa por parte de España, cuando Xavi ha recibido el reconocimiento que el fútbol otorga primero y aplaude después. El juego visto con un fluído milimetrismo y una sencillez desprendida de la idea que Xavi enseña: control, pase y movimiento.

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1 comentario

Daniel -

Xavi es el mejor centrocampista que he visto en mucho tiempo.Tiene una visión de juego única, un control exquisito y el giro de espaladas más rápido que ha tenido un jugador en la historia del fútbol. Gran de Xavi, balón de oro ya!!!.
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