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Donde la locura alcanza su sentido

Palabras de aquí, motivos de allá

Palabras de aquí, motivos de allá

Escribes para olvidar. Sin embargo, necesitas recordar cada uno de los pensamientos que te ahogan, que te brotan, que subyacen desde un punto de no retorno. Entonces la imaginación apunta, la conciencia dispara y las palabras fluyen para eregirse como vocero de lo que somos, de lo que soñamos, de lo que detestamos. Historias de amor y de humor suscritas sobre un estado de ánimo traicionero, aquel que casi nunca refleja lo que deseamos ser. Aquel donde verdaderamente nos encontramos.

Escribes para señalar. Apuntas con frases aromatizadas de perennes recuerdos, de conciencias olvidadas, de futuros varados. Tu tristeza se traduce en las sílabas que emanan de tus sentimientos, de tu cabeza, de tus dedos, de estas teclas. Tu alegría se evapora a la vez que sabes que este presente no cuenta con vasos y besos comunicantes. Cuando dejas de sentir una simpatia natural y espontánea hacia las cosas extraordinarias es cuando las letras que aquí dejas, sirven para guiar al explorador que perdió la brújula y el mapa.

Escribes para recordar. Para buscar explicaciones, para hallar respuestas a ese instante que golpeó tu devenir, que glorificó tu inexpresividad. Machacas las teclas que muestran la insoportable incertumbre que te rodea, la inestabilidad que te amenaza. Tu expresividad parece insignificante. Esas frases descritas se convierten en tu única aventura, en tus escasos relatos, en tu ciclotímica novela, en desesperados ensayos, en agrios epítetos. Dejas esta descripción a la espera de algo mejor. La soledad es un lugar vacío sin ella.

No escribes para llorar. Sin embargo, las letras son esas lágrimas que no pueden fluir. Abordas situaciones que no alcanzas a comprender, que valoras con recordar, que sigues sin entender. Inventas parapetos donde nunca estarás. Historias en los que aquel instante fue milimétricamente pensado, concienciadamente estudiado. Llevado a su terreno, alcanzado por la ira, la venganza, el deseo. Historias donde aquella decisión buscada por otra persona se convirtieron en novelas nunca narradas. En donde las palabras balbuceaban por el rencor presentado. Los personajes parecían no buscar el placer, más bien añoraban el error como un deseo buscado y encontrado.

Por eso ya no dejas de escribir. Por todo aquello que quisiste decir, que no supiste explicar, que no mereciste escuchar. Prometes no dejar de escribir sabiendo que nunca aceptarás la derrota. Por mucho que tengas que decir sabes que una palabra mas rotunda que otra no te otorga ni un gramo de verdad. Escribes porque el folio se convierte en ese enjambre que te permite reflejar todo lo que necesites abordar. El reflejo de lo que pisas y tocas. Necesitas escribir para encontrar explicaciones inaltarables, para soñar con situaciones más que variables, para inventar historias nunca comprobables. Ahora sólo queda coger tu pluma, marchar con las letras a otra parte, donde cada instante pase a ser una hora sagrada, y retomar ese relato inoportuno que te sirva de vacuna.

 

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1 comentario

Daniel -

Yo escribo para poner a caldo al Madrid. Qué asco me dan.
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