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Donde la locura alcanza su sentido

Los cuentos que yo cuento

Los cuentos que yo cuento

Esa llamada que se presenta como una tentación que aborda desde lo irresistible hasta lo necesario. Pasar de un segundo a un siglo con un solo paso. Una inetabilidad perenne que merodea tu estómago como las botas de un alpinista, como esas pistolas de Warhol sin munición ubicada tras de tí. Aquella grieta que se reabre en tu estado emocional. Aquel relato de Boudelaire que ejemplifica la soledad de tu destrucción. El motivo de alcanzarte, de no ubicarte, de desesperarte. Argumentos futiles y anudados sobre el vacío o la inutilidad. Esa seguridad en uno mismo que se viste de Rey derrocado. Preferir entre la guerra u otro invierno sin tí.

Tráficantes de estampitas que hacen su agosto en el supermercado. Adolescentes que comen pastillas de colores, hastiados de tiempos modernos. Hay tanto idiota ahí fuera. Y tú mientras te mueres por decirlo. Atardecer y pisar sobre arenas movedizas. Bobalicones que desean el amanecer como el alfa y omega de lo que nunca serán. Aquella mirada perdida que esconde la pedantería de la que hacen gala. Compra una máscara antigas y mantente fuera de la ley.  Llegar a la farmacia y preguntar si tienen pastillas para no soñar.

No sabes cual es la medida hasta que todo termina. Nunca sabes decir basta, creyendo que no haría falta. Ahora necesitas algo más. Aseguras que te has desenganchado. No es cierto, se te nota al andar. Por qué la mentira vale más que la verdad. No le ofreces la luna, crees que es suficiente con perecer a la sombra de algún sauce llorón. Ninguna decisión sin calcular. Pensar que sería absurdo. Cuestiones indomables, tardías e irrevocables. La respuesta no se asienta claramente. ¿Dudar? Quizás. Ahora ya lo tienes claro: Los cuentos que yo cuento acaban tan mal...

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2 comentarios

Miguel -

Me gusta tu modo de escribir. directo, sin eufemismos. Tus escritos tienen el ritmo de un ataque violento, son fuertes y la impresión perdura. Eso es lo que los hace tan buenos, tan auténticos y, hasta cierto punto, piadosos.

Me encontré tu blog por coincidencia (si es que existen las coincidencias), pero ya estaré por aquí más seguido, en espera de que vuelvas a aparecerte también.

Daniel -

Yo odio a tanta gente: hippies, poperos, punkys, raperos, heavies, skins, madridistas, toreros, sureños, locas, putas y fachas. Me odio hasta a mí mismo.
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