Aviso para navegantes

Escribo para avisad a todo el que se meta en este blog (josuecoello.blogia.com) que me he cambiado a blogspot (por pura traición de infraestructuras). Por lo tanto, todo aquel que quiera seguir leyendo mis tonterías, bien puede hacerlo pinchando aquí, bien metiendo manualmente la nueva dirección (josuecoello. blogspot.com) en la barra de direcciones. He creado una nueva categoría llamada VIEJOS RETALES donde he incluído la gran mayoría de artículos publicados en este blog durante el último año y medio, tanto para conservarlos como para quien quiera volver a leerlos o hacerlo por primera vez. El resto de clasificación será la misma que en esta bitácora. Gracias. Un saludo.
¿Ha llegado el fin del ciclo Zapatero?

El lunes 4 de marzo la tensión se precipitaba en los despachos de Ferraz, sede socialista en Madrid. No sólo el ambiente vivido durante aquel día de mensajes, declaraciones calmantes y miradas hacia Euskadi propiciaban el creciente nerviosismo en las filas socialiastas. El PSOE había perdido inesperadamente las elecciones en Galicia. Soporte fundamental en la política de puntual conciliación que el presidente Zapatero quiere desarrollar en esta segunda legislatura. La victoria aplastante de Núñez Feijoo en la Galicia rural y urbana, chocó de frente con la idea de una comunidad fuertemente gobernada por un bipartito frente a la imagen de un desgobierno alterante, enfrascado en cientos de batallas internas durante los últimos cuatro años. La derrota en Galicia parece propiciar un giro en la política que Zapatero y José Blanco quieren dar a las actuaciones del Gobierno en los próximos tres año. Situación altamente compleja dado el contexto convulsionista que España padece. Esa derrota en Galicia marcará la estrategia que el Ejecutivo socialista desarrollará hasta 2012 y que indudablemente mostrará el devenir de una ciclo que parece dar los primeros síntomas de agotamiento tras la llegada al poder de Zapatero en 2004.
1. Euskadi.Será la primera piedra de toque a la que Ferraz tendrá que hacer frente. Patxi López, el candidato socialista, será investido con toda probabilidad como nuevo lehendakari dentro de mes y medio. Hito histórico por un lado -es la primera vez en la historia española que un candidato no nacionalista llega a Ajuria Enea-. Sin embargo, el precio que tanto el PSE como el PSOE tendrán que pagar será muy alto. De una parte, arrebatar de la lehendakaritza al PNV supondrá restar apoyos al Gobierno en el Parlamento. Enjutado sobre los votos de los nacionalistas vascos, el Ejecutivo ha podido aprobar los seis proyectos presupuestarios -verdadera vara de medir el apoyo legislativo al presidente- que hasta ahora ha sacado adelante desde su llegada a la Moncloa. De otro, la investidura de López al frente del Gobierno vasco tendrá en el PP a su principal socio. Con dos escaños y 700.000 votos menos que en 2003, los populares han salido de un feudo ingobernable para ellos con el sabor a victoria electoral. Ahora tienen condicionados al PSE para que López sea lehendakari. No hará falta un gobierno de concentración no nacionalista, tal y como temen y ladradea el PNV, pero sí un trabajo conjunto para que el PSE alcance la histórica gobernatura en el País Vasco, donde hará falta el entendimiento bipartidista que en Madrid ni parece asomar.
2. Una solidez socialista en entredicho. La derrota en Galicia ha puesto de manifiesto que los gobiernos minoritarios del PSOE en España no son buenos consejeros. El electorado gallego ha castigado la ruptura ejecutiva y social que en la Xunta ha existido en los últimos cuatro años. Sin embargo, no es el único ejemplo donde el PSOE puede ver roto sus Gobiernos de coalición. Cataluña ha sido durante los últimos seis años el ejemplo más vivo en lo que a políticas de concentración, ruptura, y falta de definición se refiere. Navarra, con la falta de amor entre UPN y el PP, es otro ejemplo de la debilidad gubernamental a la que el PSOE se enfrenta. Si esta escasa concreción es a nivel autónomico, el aislamiento definitivo puede verse reflejado en Madrid. En el Congreso, el PSOE ha abogado durante estos años por acuerdos puntuales con sus socios para sacar adelante sus medidas. Con la pérdida del apoyo peneuvista, Zapatero puede verse apartado en un momento donde el consenso es más necesario que nunca. CiU no está dispuesto a regalar su apoyo al Ejecutivo, mientras que BNG, IU y Esquerra están inmersos en procesos internos más preocupantes para sus intereses que una eventual política de concentración con el Gobierno.
3. La crisis. La madre del cordero de todas las disputas partidistas que vemos. La crisis económica ha entrado en un momento decisivo para emprender verdaderas políticas contundentes en las que se pueda apreciar signos de recuperación. Todas las instituciones apuestan que 2010 será el año de la mejora, por lo que este 2009 debe significarse como el trampolín hacia el fin de la recesión, hacia la concreción de una mejora económica que España necesita acorde con las alarmantes cifras del paro que el país sufre. Para ello, la dura oposición que el PP hará, unido a la inexactitud del Gabinete económico de Moncloa y del Ministerio de Economía, será la vara de medir para que este año sea clave para conocer la alfombra que el Gobierno está dispuesto a colocar de cara a una hipotética normalización financiera el próximo año. De hecho, gran parte del futuro electoral de Zapatero pasa por la mejora económica.
4. Gobierno de desgaste. Muchos de los miembros de la Ejecutiva Zapatero se han visto abocados al desgaste político, bien en unos casos por la política de choque que el PP ha llevado a cabo, bien por la propia inexactitud de estos políticos. Es el ejemplo del ex ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que, acorralado por su enfrentamiento contra los jueces -desembocando en la primera huelga del ramo en la historia de la democracia-, y por sus vaivenes cinegéticos con el juez Garzón, provocaron una dimision irrevocable que desde Moncloa se vio con buenos ojos por el peso que suponía su pertenencia al Gobierno. Junto a él, Magdalena Álvarez ha sido el siguiente foco de atención, a veces crítico, a veces irrisorio, de una oposición que ha hecho de las políticas en materia de infraestructura un acicate para su supervivencia en el Ejecutivo. La crisis ha ahondado además en la aparente desidia del sector financiero del Gobierno. Pedro Solbes se ha eregido como la voz tibia ante la crisis. Sin una idea referencial, Solbes apuesta más por mirar a Bruselas que a su propio Gabinete económico para mejorar la caótica situación financiera. Ello le hace ser visto como un político gastado sin ningún afán por dar la cara ante la coyuntura. Miguel Sebastián es otro al que la crisis le ha otorgado un aire crítico con todo lo que hace. Acorralado por políticas carentes de base, no ha sabido contentar a los sectores más influyentes con los que se ha topado: automovilístico y energético.
Ante este contexto de inexactitud ejecutiva, legislativa y política, ya son muchas las voces que claman por una profunda remodelación ministerial para el próximo año, cuando se cumpla el ecuador de esta segunda legislatura Zapatero. Como la medida más efectiva, y sencilla, que el presidente deberá hacer para otorgar aires frescos y renovadores a su Gobierno. A partir de entonces, será cuando veamos si el Ejecutivo socialista sabe endurecer su puño, ahora más que nunca que la rosa del poder parece escurrirse ante las adversidades que la hoja de ruta nacional establece.
El modelo tenía un precio

La Champions League es la competición que marca no sólo la grandeza a la que un equipo aspira a rodear, sino también que da muestras del presente deportivo de clubes derrochadores, caprichosos, enajenados por codiciosos objetivos y borrachos de la gloria que jugadores y espectadores observan y disfrutan con la máxima competición de clubes que existe en el fútbol europeo. Los cruces de octavos de final han cristalizado sobre el terreno de juego el contexto que dibujan los grandes equipos continentales. Tendrán en la siguiente fase la corroboración de un buen trabajo realizado, una desarrollada planificación deportiva o la consolidación de un modelo asimilado.
Porque si hay un equipo que ha plasmasdo sobre el terreno de juego la mediocridad a la que se ha expuesto en las últimas fechas ese es el Real Madrid. Ahogado por una crisis institucional de la que creía haber salido con un buen puñado de victorias, enmarcadas la gran mayoría bajo el pragmatismo de su pegada, la eliminatoria ante el Liverpool no sólo ha demostrado las muchas carencias de quien se presume como el mejor equipo del mundo, sino que ha golpeado el corazón de una institución que tradicionalmente ha tenido en la Champions League su bálsamo a las múltiples convulsiones que ha sufrido. Europa es para el Madrid el perfecto escenario en el que plasmar la grandeza que engalana su sala de trofeos. Ahogado en el plano táctico, indisciplinado en la efectividad y auspiciado en su grandeza; esta eliminación demuestra su nula creencia que la propia plantilla tenía de su futuro en esta competición. Los de Rafa Benitez abofetearon el presente de un equipo que necesita la ventilación de las elecciones, la renovación de aires y la demostración de que un nuevo modelo deportivo, económico y social podrá devolver al Madrid a una grandeza denostada.
Precisamente, la Champions parece habe devuelto al Barcelona esa estabilidad emocional tan necesaria para los culés en su forma y en su modo. Acosados por la obligación de aunar victoria y excelencia, la filosofía culé se plasmó en su quintaesencia en el encuentro de vuelta ante el Olympique de Lyon. Acosado por las dudas generadas durante sus últimos partidos, el Barcelona logró respirar con el buen fútbol como axioma de su existencia. Ganó y convenció durante un primer tiempo sencillamente formidable. Rapidez, control, presión y eficacia. Iniesta ha vuelto a dotar a los culés de un equilibrio en el centro del campo que provoca la movilidad indescriptible de Xavi y la apertura de espacios de Messi. Así, los de Guardiola golearon a un equipo francés que sólo pudo contemplar el regreso del buen fútbol a un Camp Nou acosado por las dudas. Si el equipo ha retomado la senda victoriosa con el aplauso como reflejo exterior, a partir de ahora su único enemigo puede ser la ambición de verse con posibilidades de hacer un triplete histórico. Eso significaría la plasmación deportiva del cruyffismo como modelo de éxito, como modelo iniciado hace 20 años y que es tan estético y preciosista en su victoria como funesto y arollador en su derrota.
Pero si uno de los cuatro equipos que ha perdido la oportunidad de retomar un prestigio total ha sido el Atlético. Acosado por el miedo de la inexactitud en todo lo que rodea el dietario rojiblanco, la eliminatoria ante el Oporto suponía el acicate para demostrar que el proyecto abanderado por un crepúsculo de geniales atacantes podía servir de base para futuras ideas, hipotéticos títulos. Sencillamente, el Oporto era la oportunidad para medirse de frente a un equipo deportivamente similar a los rojiblancos, para ganar una eliminatoria a priori equiparada pero que en realidad ha dejado a unos rojiblancos expuestos a la inferioridad que hasta ahora no había atesorado en Europa. La ida puso de manifiesto que el Atlético se equivocó al leer el partido. En la vuelta, Abel privó al equipo de una predisposición más ofensiva al dejar a Forlán en el banquillo durante 63 minutos. Eso aires que el Madrid parece necesitar son también más necesarios que nunca entre su vecino. La diferencia es que el aire que respira el Atlético lleva viciado años. Concretamente, el tiempo que los Gil llevan ocupando el trono monacal de un club agasajado por múltiples necesidades históricas.
En el otro extremo de estos ejemplos se sitúan el Villarreal. Con un modelo basado en la sensatez que desde los despachos se ha emanado siempre, es Pellegrini quien dota de esa responsabilidad táctica y deportiva a un conjunto que en sus dos participaciones en Champions ha logrado pasar la barrera moral de los octavos de final. Todo un logro para un equipo cuya sede social es una ciudad de poco más de 40.000 habitantes y que ha sabido aunar un modelo de proyección con la idea de un equipo vendedor. A medio camino entre la estrella y la consagración, el futbolista del Villarreal tiene claro cuál es su rol tanto en el conjunto con la competición que juega. Si a ello se le suma el metodismo y la inteligencia de un entrenador personalista como Pellegrini, el equipo sabe adoptar unos niveles de competitividad que le tienen cuarto en liga y entre los ocho mejores equipos del continente.
Ahora llegan los cuartos de final donde tanto Barcelona como Villarreal tendrán que hacer frente a un pomposo elenco de equipos europeos entre los que, como ya pasó el año pasado, los ingleses copan cuatro de esos ocho lugares más privilegiados. De ellos, tanto Liverpool como Manchester se apuntan a la grandilocuencia del favoritismo. No sólo por nombre u hombres de su plantilla sino por la grandeza que en competiciones así emana de un fútbol preciosista en momentos, pragmático en otras. Arsenal y Chelsea deberán corroborar en la Europa olvidada que los males de la Premier se deben a la imponencia del club de Old Trafford. Entre ellos, un portugués -Oporto- que sabe perfectamente a lo que juega, y que puede aprovechar la flexibilidad, dinamismo y rapidez de su tripleta atacante -Lisandro, Cebolla Rodríguez, Hulk y Lucho- con su experiencia en competiciones de detalles como la Champions. El retorno es el de Bayern que sin hacer mucho ruido ha logrado 12 goles en una eliminatoria que puede devolver a los bávaros a la élite de un fútbol europeo que nunca le olvidó. Los clubes llaman a las puertas del fútbol europeo. Los clubes se juegan algo más que un título. Exportar y triunfar con el modelo diseñado tiene su precio. Llega la gran Champions. La gran Europa.
El Atlético anima la Liga

El interés que la liga podía deparar tuvo ayer una muestra de que las 15 jornadas que restan serán emocionantes, apasionantes y extramadamente competitivas. Hay liga. Y la hay, ya no sólo por ese valor estadístico fundamental e irrefutable que dice que en tres jornadas, el Real Madrid ha recortado ocho puntos a su predecesor. Hay liga, porque el Barcelona ha entrado en una espiral vertiginosa de la nada. Acosado por un equipo blanco que ha sabido adaptar su juego a su discurso, los blaugrana parecen haber optado por ese caída libre psicológica y deportiva increíble hace tan sólo un mes.
Porque si hay algo que diferencia a blancos y azulgranas en situaciones extremas es la fortaleza psicológica de la que unos presumen, y otros adolecen. De un lado, el Madrid, con sus diez victorias consecutivas ha logrado fortalecer una moral minada con el desastre institucional iniciado hace dos meses. Entonces, nadie abogaba por estar tan cerca del todavía líder. A los blancos no les hace falta un gran juego para llevarse los partidos con la facilidad que hasta ahora han demostrado. Dejando de lado la prosa heróica de hace dos años, ahora plantea los partidos con una tranquilidad de quien se sabe ganador, de quien conoce la inercia positiva y de quien, con un perfil bajo, reconoce que su momento puede llegar pronto. El sábado ante el Espanyol volvió a demostrar que con poco es capaz de desmontar a su rival. En concreto, sólo tuvo que modificar un esquema partido en dos, por otro tiznado de rigidez. Entonces, el anclaje en centro del campo de Lass, apoyado por la salida del balón de Raúl, fue suficiente para atizar con dos paletas la inoperancia espanyolista. Así, y con brillante excepción de los encuentros ante Betis y Sporting, el Madrid ha logrado treinta puntos consecutivos y ha demostrado que sabe adaptar sus necesidades a las muchas virtudes de las que es capaz.
Del otro el Barcelona. El fútbol de seda por excelencia que de forma inexplicable ha caído en la tentativa del miedo. El Barcelona, a diferencia del Madrid, no sabe ganar sin el preciosismo que siempre necesita demostrar. Y eso le afecta negativamente en el trascurso de unas jornadas donde su rival recorta puntos como antaño los blaugranas goleaban. El Barcelona siempre ha avanzado con el juego y la psicología como alfa y omega de su existencia. Como una relación directa, borrando uno de estos elementos, el otro también se ve afectado. Y la traducción clasificatoria está bien clara: ocho puntos menos en tres jornadas. El encuentro de ayer ante el Atlético es una buena muestra de la situación en la que los azulgranas se encuentran. Han perdido la conjunción entre líneas. Eso demustra que el centro del campo, su gran referencia a la hora de romper los encuentros a su favor, ya no encuentra el viento. Ayer el Barcelona se dejó contagiar por una carrusel de goles y emociones en el que el Atlético de Madrid se mueve mejor que nadie. Pareció pactar con los rojiblancos un antiacademismo del que salieron impunes los de Abel. ¿La razón? Esa que los rivales van entendiendo a la perfección: ahogo en el centro del campo, presión insuflante a la defensa blaugrana y una falta de frescura que denota que estamos en marzo. Si a un equipo que respira a través del balón, le azotas con la mirada enfrentada, parece no reaccionar ante la ingobernabilidad que ultimamente ha demostrado. Peligrosa tendencia para afrontar tres competiciones en tres meses.
Ante ello, ya nadie duda de que hay liga. El Madrid, aunque callado ante el devenir de nervios ajenos, sabe perfectamente que su momento ha llegado. Después de estar desauciado deportivamente hace apenas semanas, los blancos han recuperado un espíritu que nunca han dejado de demostrar. Hace dos temporadas, apelaron al romanticismo de ese club. Ahora apelan a la serenidad y la tranquilidad. Características que parece haber perdido el Barcelona. Ese club que parecía el más cuerdo de los cuerdos. Hasta hace tres jornadas. Hoy, con ocho puntos menos, la locura parece haberle arrebatado la verticalidad. Tan necesaria en su juego, y en su estado anímico.
Los cuentos que yo cuento

Esa llamada que se presenta como una tentación que aborda desde lo irresistible hasta lo necesario. Pasar de un segundo a un siglo con un solo paso. Una inetabilidad perenne que merodea tu estómago como las botas de un alpinista, como esas pistolas de Warhol sin munición ubicada tras de tí. Aquella grieta que se reabre en tu estado emocional. Aquel relato de Boudelaire que ejemplifica la soledad de tu destrucción. El motivo de alcanzarte, de no ubicarte, de desesperarte. Argumentos futiles y anudados sobre el vacío o la inutilidad. Esa seguridad en uno mismo que se viste de Rey derrocado. Preferir entre la guerra u otro invierno sin tí.
Tráficantes de estampitas que hacen su agosto en el supermercado. Adolescentes que comen pastillas de colores, hastiados de tiempos modernos. Hay tanto idiota ahí fuera. Y tú mientras te mueres por decirlo. Atardecer y pisar sobre arenas movedizas. Bobalicones que desean el amanecer como el alfa y omega de lo que nunca serán. Aquella mirada perdida que esconde la pedantería de la que hacen gala. Compra una máscara antigas y mantente fuera de la ley. Llegar a la farmacia y preguntar si tienen pastillas para no soñar.
No sabes cual es la medida hasta que todo termina. Nunca sabes decir basta, creyendo que no haría falta. Ahora necesitas algo más. Aseguras que te has desenganchado. No es cierto, se te nota al andar. Por qué la mentira vale más que la verdad. No le ofreces la luna, crees que es suficiente con perecer a la sombra de algún sauce llorón. Ninguna decisión sin calcular. Pensar que sería absurdo. Cuestiones indomables, tardías e irrevocables. La respuesta no se asienta claramente. ¿Dudar? Quizás. Ahora ya lo tienes claro: Los cuentos que yo cuento acaban tan mal...
Palabras de aquí, motivos de allá

Escribes para olvidar. Sin embargo, necesitas recordar cada uno de los pensamientos que te ahogan, que te brotan, que subyacen desde un punto de no retorno. Entonces la imaginación apunta, la conciencia dispara y las palabras fluyen para eregirse como vocero de lo que somos, de lo que soñamos, de lo que detestamos. Historias de amor y de humor suscritas sobre un estado de ánimo traicionero, aquel que casi nunca refleja lo que deseamos ser. Aquel donde verdaderamente nos encontramos.
Escribes para señalar. Apuntas con frases aromatizadas de perennes recuerdos, de conciencias olvidadas, de futuros varados. Tu tristeza se traduce en las sílabas que emanan de tus sentimientos, de tu cabeza, de tus dedos, de estas teclas. Tu alegría se evapora a la vez que sabes que este presente no cuenta con vasos y besos comunicantes. Cuando dejas de sentir una simpatia natural y espontánea hacia las cosas extraordinarias es cuando las letras que aquí dejas, sirven para guiar al explorador que perdió la brújula y el mapa.
Escribes para recordar. Para buscar explicaciones, para hallar respuestas a ese instante que golpeó tu devenir, que glorificó tu inexpresividad. Machacas las teclas que muestran la insoportable incertumbre que te rodea, la inestabilidad que te amenaza. Tu expresividad parece insignificante. Esas frases descritas se convierten en tu única aventura, en tus escasos relatos, en tu ciclotímica novela, en desesperados ensayos, en agrios epítetos. Dejas esta descripción a la espera de algo mejor. La soledad es un lugar vacío sin ella.
No escribes para llorar. Sin embargo, las letras son esas lágrimas que no pueden fluir. Abordas situaciones que no alcanzas a comprender, que valoras con recordar, que sigues sin entender. Inventas parapetos donde nunca estarás. Historias en los que aquel instante fue milimétricamente pensado, concienciadamente estudiado. Llevado a su terreno, alcanzado por la ira, la venganza, el deseo. Historias donde aquella decisión buscada por otra persona se convirtieron en novelas nunca narradas. En donde las palabras balbuceaban por el rencor presentado. Los personajes parecían no buscar el placer, más bien añoraban el error como un deseo buscado y encontrado.
Por eso ya no dejas de escribir. Por todo aquello que quisiste decir, que no supiste explicar, que no mereciste escuchar. Prometes no dejar de escribir sabiendo que nunca aceptarás la derrota. Por mucho que tengas que decir sabes que una palabra mas rotunda que otra no te otorga ni un gramo de verdad. Escribes porque el folio se convierte en ese enjambre que te permite reflejar todo lo que necesites abordar. El reflejo de lo que pisas y tocas. Necesitas escribir para encontrar explicaciones inaltarables, para soñar con situaciones más que variables, para inventar historias nunca comprobables. Ahora sólo queda coger tu pluma, marchar con las letras a otra parte, donde cada instante pase a ser una hora sagrada, y retomar ese relato inoportuno que te sirva de vacuna.
Canción

Yo no soy estrella del rock, ni tampoco un cometa pasajero. En todo caso un lucero cantaor, ya triste y apagado. Ante eso sólo queda ya cantar. Cantar contra quienes no tienen, cantar por quienes mueren, cantar contra las prisiones, lentas ejecuciones. Todo ello aderazado bajo el ritmeante compás de esa imagen del cantante. Canta por tus desilusiones, por mis miedos. Para esperanzarte con el mañana, para no olvidar el ayer.
Canta por mi muerte, por mi inmovilidad, por tus desilusiones. Canta para que la luna no se convierta en una oportuna cámara oculta, esa que te vigila y en las noches de aventura te desnuda. Canta si tu tejado se te hunde encima y te aplasta, atorando los escombros tu garganta. Cantaste cuando quisiste gritar. Entonces sí te podrán escuchar. Sin embargo, recuerda que pudiste callar, pero quisiste hablar. Pudiste llorar, pero entonces vengar fue lo más fácil a la hora de desahogar. Estudiado el odio y sus defectos, canta por el amor, que tampoco es perfecto.
Canta para que vuelva el lobo del cuento, para que sople y de nuevo todo comience, todo pueda ser rescatado. No olvides cantar por el odio a la violencia. Generada por las dichosas banderas de siempre. Canta para que se vuelvan a oir gritos de libertad en los paraísos de sentimientos dormidos. Canta para calmar mi dolor. Canta para que si llega mi muerte sea antes del amanecer, para pillarme dormido. Canta para que los sentimientos sigan dormidos. Canta porque si callo, olvido.
Si cantas que no sea sólo por tí. Las horas ya marcan el tic,tac,tic,tac. Ahora ya sólo te queda saber cuánto tiempo te queda. Cuándo llegará el próximo castigo, el siguiente indulto, dónde aparcará tu destino. Lo sepas cuando lo sepas, no te olvides de cantar.
La delgadez de Lucas

Como venía siendo habitual durante las últimas semanas, Lucas no podía levantarse. Las sábanas de su cama servían como una fina maraña de la que no podía despegarse. Su animadversión hacia lo que fuera le esperaba, le convertían en objeto de tenencia a la hora de finalizar el descanso. No podía atardecer, pero tampoco quería. Su escaso interés por un mundo, del que cada vez se alejaba más, no era una coincidencia ante tal acción. Para él, el estado de las cosas había adquirido una magnitud casi peyorativa. En todo caso, infausta para retomar una felicidad olvidada.
En aquel invierno del 84, las televisiones que poco a poco se establecían en la cotidianidad diaria mostraban la cruda realidad de un Oriente Medio que se desangraba. Iraníes e iraquíes se mataban instigados por la irracionalidad de Saddam Hussein, EEUU y la URSS usaban sus últimas cápsulas de miedo en la cada vez más tecnológica Guerra Fría. La amenaza de una guerra nuclear daba paso a una guerra de las galaxias cuasi irrisoria donde Reagan ya visitaba Pekín para unir las redes del futuro capitalismo. Las calles se vaciaban gracias a los devastadores efectos de la heroína. Jóvenes desilusionados y desesperanzados con un presente inocuo y un futuro inexistente. Pink Floid arrasaba en ventas con una psicolodelia rockanrollera que nunca llegaría a entender.
Por entonces, a Lucas se le acababan las fuerzas por la noche, aquellas que el sol vagamente le otorgaba. La noche se ocultaba en su quehacer diario para robarle parte de su intimidad. La noche era sinónimo de soledad, de vacío, de oscuros recuerdos. La noche era su amante traidora. Hasta que la noche no desaparecía, Lucas no participaba de una normalidad responsable, esa que añoraba. Hasta ese momento, Lucas sólo podía exigirse a sí mismo lo que la coyuntura le otorgaba. Utilizaba la mentira como escudo del cinismo. Como protección para no hacer daño, para ocultarse ante imposiciones absurdas, ante pensamientos equívocos, ante realidades inexistentes. Aquellas que alguien había visto en él y que no podía desmontar con la verdad. Lucas empleaba la mentira como axioma de la racionalidad. Que idiota.
El túnel en el que se encontraba no mostraba ni un solo pequeño ápice de esperanza, ni una mínima pista de luz en donde la oscuridad emergente servía de acicate para no salir de la cama, para no pensar en el prójimo. La mayoría de las veces también le servía para no pensar ni en si mismo. El tiempo que debería pasar para normalizar su inexistente personalidad era la lucha cotidiana a la que tenía que hacer frente. Ese tiempo estaba venciendo ante el devenir de los minutos, horas, días. Lucas era venas, pero también era sangre. Era llanto, era lágrima. Era el rithm y el era el blues. Lucas en sí mismo era soledad. Aquella que se había apoderado de su dietario. Aquella que se reflejaba en masturbaciones esporádicas. Atravesaba los peores momentos de una vida que siempre consideró, cuanto menos, correcta. La alianza emocional que Lucas pretendía trazar duraba instantes, se sustentaba a través de los finos hilos de la que se componía. Esos que le acercaban a una realidad indeseada.
Encontrarse con aquella amiga común no sirvió para aliviar tempestades, para espantar miedos, para paliar nervios.
-Donde habita el olvido-le dijo en un momento de aquella rápida conversación.
El olvido no podía formar parte del recetario para abandonar el cataclismo emergente en el que residía. El olvido se conjugaba con la soledad, con el inesperado rumbo que las circunstancias habían adoptado. El olvido tan sólo era un motivo más para no salir de la cama. Ella quería ya convertise en un vago recuerdo. Él quería convertirla en un recuerdo presente. En definitiva, como lo que hasta entonces había sido. Desde el primer día, la soledad estaba enfadada con el olvido al que parecían haberse abocado el uno al otro. La soledad tan sólo era un síntoma del olvido imposible del que Lucas hacía gala. La soledad como el aire que desestabilizaba su castillo de arena.
Lucas contradecía a Casariego. El flaco cada vez más flaco. El hombre delgado cada vez más delgado. El hombre abandonado a una especie de propia suerte que sólo su soledad parecía acoger. El hombre delgado que no podía levantarse de la cama. El hombre delgado llevaba ya un tiempo flaqueando.
Gracias

A todos aquellos que algún día dejaron de confiar en mí. Creyendo hasta entonces varadas palabras que sonaban a vacío. Sólo entonces pude comprender desafíos, obligaciones, responsabilidades. Quizás algún día puedan ser satisfechas. Gracias por alcanzarme cuando salí corriendo a la búsqueda de imperfectos sueños que posiblemente nunca lleguen a cumplirse. Gracias por otorgar el beneficio de la duda cuando la duda se presenta como acusación particular. Gracias por rescatar recuerdos, por apoyar historias, por escuchar manias. Gracias a aquellos que tejen melodías y palabras. Gracias a aquellos que retiraron sus pistolas, reflejadas como el miedo que acecha con letanía y proximidad.
Gracias por hacerme ver la noche como axioma de la soledad. Entonces si las voces duermen, comienzo a desesperarme. La tranquilidad como enemigo de multitud de pensamientos. Garcias por presentarme al abismo. Gracias por teñir el escenario de pesimismo, por burlar el desaliento con un fino movimiento. Gracias por desconfiar, acusar, por manipular. Por no escuchar, por no pensar, por llegar hasta aquí. Gracias por apartar, por dejar de ser musa. Entonces el héroe pierde la inspiración. Gracias si ahora disfrutas, si algún día gozaste, si mañana vuelves de llorar. Gracias por inspirarme desconfianza: no en tí, sino en mí, en el prójimo. Gracias por rechazar mentiras, por apoyar especulaciones. Gracias por dejar que el destino se ría de mí. Gracias por invitarme a esta despedida. Gracias por aprender los lazos del institito. Porque en algún momento los días fueron profesores. Gracias por subrayar los múltiples defectos, por rememorar viejos trazos seguramente mal dibujados. Gracias por sumir la normalidad en desencuentro, la esperanza en hastío. Gracias por convertir la discusión en arte.Gracias por recordarme que las cosas pierden algo de valor sin críticas enfutadas, maniatadas, reiteradas.
Pero sobre todo, gracias a tí. Por inspirarme a escribir un texto así: duro, desesperanzado, desalmado, gélido, rancio. Cuando la reiterada coyuntura siempre se convierte en nuevo desafío. Cuando una reflexión embauca mil ideas. Ante ello, sólo puedo estar complacido. Lo dicho, gracias.
Ilusiones en aquella calle que no tenía aparcamiento

Busco todo lo contrario a lo que un desconocido futuro me deparará, pero aún sin descubrirlo, no quiero esto. Recorro de un vistazo un pasado productivo: argumentado con matices, presentado con alegaciones, solapado con el desconocimiento. Entonces comprender un presente atormentado, descolocado, somnoliento; parece más sencillo cuando el status quo de las cosas se arrima a nuestros brazos para acogerse con comodidad.
Ya no necesito mirar detrás de la puerta. Ni imaginar con el placer que volverá. Sólo puedo soñar con el soplo de palabras. Eso sí, a modo de susurro. Ahora observo sin hablar, callo sin molestar, acepto sin enfrentar. Ignoro la contradicción, valoro el atrevimiento. Las miradas se cruzan como un puñal distante, amenazante; nunca sangrante. El espacio abierto se contrae frente a mis ojos, los que reflejan que la libertad quedará minada ante advenedizos pensamientos. Aquellos que añoras, y deseas, pero vacías sobre contadas raciones. Vuelvo a retomar viejas conspiraciones apocalípticas que anuncian el reflejo de uno mismo. De lo que soy, de lo que en otro momento aspiro a conquistar como colinas cada vez más alejadas.
Desprecio a los mediocres, a los poderosos, a los ajustados y enjutados encorbatados. Odio a perfectos, a los que nunca se equivocan. A los que si lo hacen no saben reconocer su derecho a ello. A los vengativos, que actuan como acicate para con otro. A los que no entregan un guiño cómplice como fruto del mercadeo personal. No dan, pero tampoco dejan recibirlos. Caprichosas manías que no merecen ni un sólo gesto de complicidad. Odio quererte, echarte de menos. La extravagancia arrebata la intimidad, la irreverencia presta libertad. Desconfío del celoso, del mentiroso, del cobarde. Desconfío del eterno ganador, de los perennes soñadores, de los recuerdos analizados, de mí mismo. No votaré jamás a quién piense por mí, quién reze por mí, quién actúe por mí.
Ahora el retorno quedará lejos. Varado de una realidad que nunca fue palpable. Mientras,las palabras retomarán su significado cuando la verdad acuda en su rescate. El balbuceo no será sencillo, por lo que hasta que encuentre sentido a ello, el largo camino invitará a pensar, a amar, a aceptar. Hasta entonces, me canso, me burlo. Disculpe quien me tome por loco.





