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Los cuentos que yo cuento

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Esa llamada que se presenta como una tentación que aborda desde lo irresistible hasta lo necesario. Pasar de un segundo a un siglo con un solo paso. Una inetabilidad perenne que merodea tu estómago como las botas de un alpinista, como esas pistolas de Warhol sin munición ubicada tras de tí. Aquella grieta que se reabre en tu estado emocional. Aquel relato de Boudelaire que ejemplifica la soledad de tu destrucción. El motivo de alcanzarte, de no ubicarte, de desesperarte. Argumentos futiles y anudados sobre el vacío o la inutilidad. Esa seguridad en uno mismo que se viste de Rey derrocado. Preferir entre la guerra u otro invierno sin tí.

Tráficantes de estampitas que hacen su agosto en el supermercado. Adolescentes que comen pastillas de colores, hastiados de tiempos modernos. Hay tanto idiota ahí fuera. Y tú mientras te mueres por decirlo. Atardecer y pisar sobre arenas movedizas. Bobalicones que desean el amanecer como el alfa y omega de lo que nunca serán. Aquella mirada perdida que esconde la pedantería de la que hacen gala. Compra una máscara antigas y mantente fuera de la ley.  Llegar a la farmacia y preguntar si tienen pastillas para no soñar.

No sabes cual es la medida hasta que todo termina. Nunca sabes decir basta, creyendo que no haría falta. Ahora necesitas algo más. Aseguras que te has desenganchado. No es cierto, se te nota al andar. Por qué la mentira vale más que la verdad. No le ofreces la luna, crees que es suficiente con perecer a la sombra de algún sauce llorón. Ninguna decisión sin calcular. Pensar que sería absurdo. Cuestiones indomables, tardías e irrevocables. La respuesta no se asienta claramente. ¿Dudar? Quizás. Ahora ya lo tienes claro: Los cuentos que yo cuento acaban tan mal...

27/02/2009 02:07 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

Palabras de aquí, motivos de allá

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Escribes para olvidar. Sin embargo, necesitas recordar cada uno de los pensamientos que te ahogan, que te brotan, que subyacen desde un punto de no retorno. Entonces la imaginación apunta, la conciencia dispara y las palabras fluyen para eregirse como vocero de lo que somos, de lo que soñamos, de lo que detestamos. Historias de amor y de humor suscritas sobre un estado de ánimo traicionero, aquel que casi nunca refleja lo que deseamos ser. Aquel donde verdaderamente nos encontramos.

Escribes para señalar. Apuntas con frases aromatizadas de perennes recuerdos, de conciencias olvidadas, de futuros varados. Tu tristeza se traduce en las sílabas que emanan de tus sentimientos, de tu cabeza, de tus dedos, de estas teclas. Tu alegría se evapora a la vez que sabes que este presente no cuenta con vasos y besos comunicantes. Cuando dejas de sentir una simpatia natural y espontánea hacia las cosas extraordinarias es cuando las letras que aquí dejas, sirven para guiar al explorador que perdió la brújula y el mapa.

Escribes para recordar. Para buscar explicaciones, para hallar respuestas a ese instante que golpeó tu devenir, que glorificó tu inexpresividad. Machacas las teclas que muestran la insoportable incertumbre que te rodea, la inestabilidad que te amenaza. Tu expresividad parece insignificante. Esas frases descritas se convierten en tu única aventura, en tus escasos relatos, en tu ciclotímica novela, en desesperados ensayos, en agrios epítetos. Dejas esta descripción a la espera de algo mejor. La soledad es un lugar vacío sin ella.

No escribes para llorar. Sin embargo, las letras son esas lágrimas que no pueden fluir. Abordas situaciones que no alcanzas a comprender, que valoras con recordar, que sigues sin entender. Inventas parapetos donde nunca estarás. Historias en los que aquel instante fue milimétricamente pensado, concienciadamente estudiado. Llevado a su terreno, alcanzado por la ira, la venganza, el deseo. Historias donde aquella decisión buscada por otra persona se convirtieron en novelas nunca narradas. En donde las palabras balbuceaban por el rencor presentado. Los personajes parecían no buscar el placer, más bien añoraban el error como un deseo buscado y encontrado.

Por eso ya no dejas de escribir. Por todo aquello que quisiste decir, que no supiste explicar, que no mereciste escuchar. Prometes no dejar de escribir sabiendo que nunca aceptarás la derrota. Por mucho que tengas que decir sabes que una palabra mas rotunda que otra no te otorga ni un gramo de verdad. Escribes porque el folio se convierte en ese enjambre que te permite reflejar todo lo que necesites abordar. El reflejo de lo que pisas y tocas. Necesitas escribir para encontrar explicaciones inaltarables, para soñar con situaciones más que variables, para inventar historias nunca comprobables. Ahora sólo queda coger tu pluma, marchar con las letras a otra parte, donde cada instante pase a ser una hora sagrada, y retomar ese relato inoportuno que te sirva de vacuna.

 

24/02/2009 07:42 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

Canción

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Yo no soy estrella del rock, ni tampoco un cometa pasajero. En todo caso un lucero cantaor, ya triste y apagado. Ante eso sólo queda ya cantar. Cantar contra quienes no tienen, cantar por quienes mueren, cantar contra las prisiones, lentas ejecuciones. Todo ello aderazado bajo el ritmeante compás de esa imagen del cantante. Canta por tus desilusiones, por mis miedos. Para esperanzarte con el mañana, para no olvidar el ayer.

Canta por mi muerte, por mi inmovilidad, por tus desilusiones. Canta para que la luna no se convierta en una oportuna cámara oculta, esa que te vigila y en las noches de aventura te desnuda. Canta si tu tejado se te hunde encima y te aplasta, atorando los escombros tu garganta. Cantaste cuando quisiste gritar. Entonces sí te podrán escuchar. Sin embargo, recuerda que pudiste callar, pero quisiste hablar. Pudiste llorar, pero entonces vengar fue lo más fácil a la hora de desahogar. Estudiado el odio y sus defectos, canta por el amor, que tampoco es perfecto.

Canta para que vuelva el lobo del cuento, para que sople y de nuevo todo comience, todo pueda ser rescatado. No olvides cantar por el odio a la violencia. Generada por las dichosas banderas de siempre. Canta para que se vuelvan a oir gritos de libertad en los paraísos de sentimientos dormidos. Canta para calmar mi dolor. Canta para que si llega mi muerte sea antes del amanecer, para pillarme dormido. Canta para que los sentimientos sigan dormidos. Canta porque si callo, olvido.

Si cantas que no sea sólo por tí. Las horas ya marcan el tic,tac,tic,tac. Ahora ya sólo te queda saber cuánto tiempo te queda. Cuándo llegará el próximo castigo, el siguiente indulto, dónde aparcará tu destino. Lo sepas cuando lo sepas, no te olvides de cantar.

23/02/2009 08:05 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

La delgadez de Lucas

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Como venía siendo habitual durante las últimas semanas, Lucas no podía levantarse. Las sábanas de su cama servían como una fina maraña de la que no podía despegarse. Su animadversión hacia lo que fuera le esperaba, le convertían en objeto de tenencia a la hora de finalizar el descanso. No podía atardecer, pero tampoco quería. Su escaso interés por un mundo, del que cada vez se alejaba más, no era una coincidencia ante tal acción. Para él, el estado de las cosas había adquirido una magnitud casi peyorativa. En todo caso, infausta para retomar una felicidad olvidada.

En aquel invierno del 84, las televisiones que poco a poco se establecían en la cotidianidad diaria mostraban la cruda realidad de un Oriente Medio que se desangraba. Iraníes e iraquíes se mataban instigados por la irracionalidad de Saddam Hussein, EEUU y la URSS usaban sus últimas cápsulas de miedo en la cada vez más tecnológica Guerra Fría. La amenaza de una guerra nuclear daba paso a una guerra de las galaxias cuasi irrisoria donde Reagan ya visitaba Pekín para unir las redes del futuro capitalismo. Las calles se vaciaban gracias a los devastadores efectos de la heroína. Jóvenes desilusionados y desesperanzados con un presente inocuo y un futuro inexistente. Pink Floid arrasaba en ventas con una psicolodelia rockanrollera que nunca llegaría a entender.

Por entonces, a Lucas se le acababan las fuerzas por la noche, aquellas que el sol vagamente le otorgaba. La noche se ocultaba en su quehacer diario para robarle parte de su intimidad. La noche era sinónimo de soledad, de vacío, de oscuros recuerdos. La noche era su amante traidora. Hasta que la noche no desaparecía, Lucas no participaba de una normalidad responsable, esa que añoraba. Hasta ese momento, Lucas sólo podía exigirse a sí mismo lo que la coyuntura le otorgaba. Utilizaba la mentira como escudo del cinismo. Como protección para no hacer daño, para ocultarse ante imposiciones absurdas, ante pensamientos equívocos, ante realidades inexistentes. Aquellas que alguien había visto en él y que no podía desmontar con la verdad. Lucas empleaba la mentira como axioma de la racionalidad. Que idiota.

El túnel en el que se encontraba no mostraba ni un solo pequeño ápice de esperanza, ni una mínima pista de luz en donde la oscuridad emergente servía de acicate para no salir de la cama, para no pensar en el prójimo. La mayoría de las veces también le servía para no pensar ni en si mismo. El tiempo que debería pasar para normalizar su inexistente personalidad era la lucha cotidiana a la que tenía que hacer frente. Ese tiempo estaba venciendo ante el devenir de los minutos, horas, días. Lucas era venas, pero también era sangre. Era llanto, era lágrima. Era el rithm y el era el blues. Lucas en sí mismo era soledad. Aquella que se había apoderado de su dietario. Aquella que se reflejaba en masturbaciones esporádicas. Atravesaba los peores momentos de una vida que siempre consideró, cuanto menos, correcta. La alianza emocional que Lucas pretendía trazar duraba instantes, se sustentaba a través de los finos hilos de la que se componía. Esos que le acercaban a una realidad indeseada.

Encontrarse con aquella amiga común no sirvió para aliviar tempestades, para espantar miedos, para paliar nervios.

-Donde habita el olvido-le dijo en un momento de aquella rápida conversación.

El olvido no podía formar parte del recetario para abandonar el cataclismo emergente en el que residía. El olvido se conjugaba con la soledad, con el inesperado rumbo que las circunstancias habían adoptado. El olvido tan sólo era un motivo más para no salir de la cama. Ella quería ya convertise en un vago recuerdo. Él quería convertirla en un recuerdo presente. En definitiva, como lo que hasta entonces había sido. Desde el primer día, la soledad estaba enfadada con el olvido al que parecían haberse abocado el uno al otro. La soledad tan sólo era un síntoma del olvido imposible del que Lucas hacía gala. La soledad como el aire que desestabilizaba su castillo de arena.

Lucas contradecía a Casariego. El flaco cada vez más flaco. El hombre delgado cada vez más delgado. El hombre abandonado a una especie de propia suerte que sólo su soledad parecía acoger. El hombre delgado que no podía levantarse de la cama. El hombre delgado llevaba ya un tiempo flaqueando.

22/02/2009 11:09 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Gracias

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A todos aquellos que algún día dejaron de confiar en mí. Creyendo hasta entonces varadas palabras que sonaban a vacío. Sólo entonces pude comprender desafíos, obligaciones, responsabilidades. Quizás algún día puedan ser satisfechas. Gracias por alcanzarme cuando salí corriendo a la búsqueda de imperfectos sueños que posiblemente nunca lleguen a cumplirse. Gracias por otorgar el beneficio de la duda cuando la duda se presenta como acusación particular. Gracias por rescatar recuerdos, por apoyar historias, por escuchar manias. Gracias a aquellos que tejen melodías y palabras. Gracias a aquellos que retiraron sus pistolas, reflejadas como el miedo que acecha con letanía y proximidad.

Gracias por hacerme ver la noche como axioma de la soledad. Entonces si las voces duermen, comienzo a desesperarme. La tranquilidad como enemigo de multitud de pensamientos. Garcias por presentarme al abismo. Gracias por teñir el escenario de pesimismo, por burlar el desaliento con un fino movimiento. Gracias por desconfiar, acusar, por manipular. Por no escuchar, por no pensar, por llegar hasta aquí. Gracias por apartar, por dejar de ser musa. Entonces el héroe pierde la inspiración. Gracias si ahora disfrutas, si algún día gozaste, si mañana vuelves de llorar. Gracias por inspirarme desconfianza: no en tí, sino en mí, en el prójimo. Gracias por rechazar mentiras, por apoyar especulaciones. Gracias por dejar que el destino se ría de mí. Gracias por invitarme a esta despedida. Gracias por aprender los lazos del institito. Porque en algún momento los días fueron profesores. Gracias por subrayar los múltiples defectos, por rememorar viejos trazos seguramente mal dibujados. Gracias por sumir la normalidad en desencuentro, la esperanza en hastío. Gracias por convertir la discusión en arte.Gracias por recordarme que las cosas pierden algo de valor sin críticas enfutadas, maniatadas, reiteradas.

Pero sobre todo, gracias a tí. Por inspirarme a escribir un texto así: duro, desesperanzado, desalmado, gélido, rancio. Cuando la reiterada coyuntura siempre se convierte en nuevo desafío. Cuando una reflexión embauca mil ideas. Ante ello, sólo puedo estar complacido. Lo dicho, gracias.

 

13/02/2009 08:32 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 4 comentarios.

Ilusiones en aquella calle que no tenía aparcamiento

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Busco todo lo contrario a lo que un desconocido futuro me deparará, pero aún sin descubrirlo, no quiero esto. Recorro de un vistazo un pasado productivo: argumentado con matices, presentado con alegaciones, solapado con el desconocimiento. Entonces comprender un presente atormentado, descolocado, somnoliento; parece más sencillo cuando el status quo de las cosas se arrima a nuestros brazos para acogerse con comodidad.

Ya no necesito mirar detrás de la puerta. Ni imaginar con el placer que volverá. Sólo puedo soñar con el soplo de palabras. Eso sí, a modo de susurro. Ahora observo sin hablar, callo sin molestar, acepto sin enfrentar. Ignoro la contradicción, valoro el atrevimiento. Las miradas se cruzan como un puñal distante, amenazante; nunca sangrante. El espacio abierto se contrae frente a mis ojos, los que reflejan que la libertad quedará minada ante advenedizos pensamientos. Aquellos que añoras, y deseas, pero vacías sobre contadas raciones. Vuelvo a retomar viejas conspiraciones apocalípticas que anuncian el reflejo de uno mismo. De lo que soy, de lo que en otro momento aspiro a conquistar como colinas cada vez más alejadas.

Desprecio a los mediocres, a los poderosos, a los ajustados y enjutados encorbatados. Odio a perfectos, a los que nunca se equivocan. A los que si lo hacen no saben reconocer su derecho a ello. A los vengativos, que actuan como acicate para con otro. A los que no entregan un guiño cómplice como fruto del mercadeo personal. No dan, pero tampoco dejan recibirlos. Caprichosas manías que no merecen ni un sólo gesto de complicidad. Odio quererte, echarte de menos. La extravagancia arrebata la intimidad, la irreverencia presta libertad. Desconfío del celoso, del mentiroso, del cobarde. Desconfío del eterno ganador, de los perennes soñadores, de los recuerdos analizados, de mí mismo. No votaré jamás a quién piense por mí, quién reze por mí, quién actúe por mí.

Ahora el retorno quedará lejos. Varado de una realidad que nunca fue palpable. Mientras,las palabras retomarán su significado cuando la verdad acuda en su rescate. El balbuceo no será sencillo, por lo que hasta que encuentre sentido a ello, el largo camino invitará a pensar, a amar, a aceptar. Hasta entonces, me canso, me burlo. Disculpe quien me tome por loco.

05/02/2009 08:13 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

La crisis había llegado a los niños

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El local tenía unas dimensiones idóneas para que un negocio de ese tipo fructificase. Era amplio, espacioso, milimétricamente organizado, aireado y de cara a unos consumidores que pasaban diariamente por él. Junto a su perfecta ubicación, en la fachada podía leerse un cartel que rezaba Se organizan fiestas de cumpleaños o eventos lúdicos infantiles. Interesados llamar al teléfono aquí descrito o preguntar dentro. En el interior no había nadie, lo que nos lleva a sobreentender que nadie celebraba entonces su cumpleaños o nadie tenía algún motivo lúdico para adquirir aquel otro local ofertado. La realidad era que dentro nunca había nadie. Ni entonces, ni en días de aniversario.

Ese reiterante vacío físico del interior constataba con la cara que aquel dependiente tenía. De una avanzada edad, parecía que la apertura del negocio era el último reducto al que se había agarrado aquel hombre apagado, de carácter apacible, callado pero sonriente ante el paso vecinal. Nuestro personaje, un dependiente del traicionero pequeño negocio, nunca mostró satisfacción ante nada ni ante nadie. Sólo la imperfecta forma de su boca contrarrestaba con su modelo de negocio. Con sólo media dentura en cuasi buen estado, las caries acompañaban las palabras que sus labios pronunciaban.

Paradojas del buen vivir, aquel caballero de dentadura irreconocible regentaba un negocio de chucherías, aquellas comidas intemporales que mamá nunca permitía adquirir libremente pero que alguien creó como premio a la buena educación, a las mejores notas y a la satisfacción del festejo. Sin embargo, aquel hombre nunca logró atraer la atención de madres reticentes a comprar gominolas. Ni de ellas, ni de niños escapados del brazo maternal para saborear el placer de la glucosa industrial.

Desconozco la razón por la que la clientela rehuía de aquel simpático negocio. Parece que el crédito se había agotado hasta satisfacer el deseo de niños hambrientos de imperecederos productos. Las reticencias hacia el consumo sólo vienen descritas por el miedo hacia la crisis. Parecía no sólo afectar a inversores, trabajadores de una clase media desangrada o parados sin la esperanza olvidada. La crisis había alcanzado, y robado, la mayor ilusión que una imagen nos enseña: la sonrisa de un niño ante la adquisición del dulce sabor. Eso que lleva a la desilusión del pequeño por el caramelo robado. A partir de ese momento, quizás era más fácil comprender porqué aquel vendedor nunca reía.

04/02/2009 07:04 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

Epílogo de (nuevas) erróneas interpretaciones

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Adolezco de memoria para recordar cómo las trampas se colocaron estratégicamente a cada paso dado. Entonces parece que una vez retiradas, las huellas plasmadas muestran el camino que has de dar. El error juega entonces a mi favor con un margen difícilmente calculable. No me pregunten si he sido justo cuando quise llorar y no pude. Tampoco por qué esos momentos que ansiaban mi llanto no reconocían una lógica imperante en ilógicas situaciones. Lágrimas de desesperación o desesperadas lágrimas, aquellas que ni tienen color u olor ni demandan pañuelos baratos para paliar el sofoque. La duda me asalta si me ciño a la máxima del ver, oir y callar. Atento a infaustas consecuencias si así no fuese. Ahora mi estómago demanda el vacío. No querer, pero justo después del no poder. Supone algo parecido a enfrentarte a ti mismo, cuando ni uno mismo logra reconocerse. Bochornosos desnudos de cuerpo y mente ante un cristal que refleja aquellas inquietudes que un día solaparon parte de un pesar siempre amenazante. Y es que el espejo nunca miente. Mientras, la tristeza me guiña un ojo y demanda mi atención.

-"Eso está hecho", debo pensar yo.

Ahora la mentira parece haber desaparecido de la parte trasera e identificativa de mi DNI. Ahora, la bola de cristal dejó de funcionar y con ella, interpretaciones que bailaban al son de la debilidad, de la inestabilidad. Todo parecía atado, pero también muy bien atajado para alcanzar una meta de difícil reconocimiento. Entretanto, me cuestiono porque el rithm se ha separado del blues. Ahora tendrán que compartir la custodia de la grafía &. Dylan parece cantar para mí, mientras The Animals bucolizan algún tema de Nina Simone que lleva dedicatoria.

Gracias por haberme presentado al abismo. Se dibuja a mi alrededor mientras exige parcialmente mi atención. Te agradece acercarte a él aún sin conocer las ingrávitas demandas que ahora pide. Con el abismo cerca tuya, el futuro se ríe de tí. Inmóviles sentimientos, paralizada tragicomedia que comienza a representarse. Entonces, el capítulo apura unas últimas letras que no dan respiro ante esta conclusión inacabada. Frente a esta terminación apurada, el definitivo punto y final corrige una idea equivocada.

Discúlpenme los parados, los enfermos, los palestinos, los penados por la SGAE, los calvos, los felices o los discotequeros. Pero en esta ocasión, la culpa no fue mía.

14/01/2009 08:05 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

Una llamada y una serpiente blanca

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Había perecido en innumerables intentos de conciliar un sueño que le permitiese abnegarse de la cotidiana realidad. Esa que desdibuja el presente más inmediato y nubla el futuro cercano a la proximidad. Pero entonces, el ritmeo incensantes de melódicas campanas no sólo vibró por los rincones de la habitación. Se había convertido en la polifanía que marcaba sus intentos de dormir. Vanos en todo caso. Terriblemente insoportable en su ejecución. Ante el incensante insomnio que se había apoderado de su devenir, las formas para descansar nunca llegaron; los modos para olvidar parecieron perderse. Bajo ningún concepto, una simbiosis hartamente imposible, ilocalizable, nada desdeñable.

Sin embargo, no sólo de infaustas campanas vivía la melancolía apoderada en aquella mañana fría. De él se había adueñado un bucólico llanto interno que fagocitaba por sus tripas, merodeaba por su nariz y atormentaba su cerebro. La malhumorada sensación que dominaba su insomnio en ese momento se agudizó con el hastío que perseguía a cada segundo que pasaba. La ansiedad ya había llamado a sus puertas, la desesperación logró saludar y el frustante cansancio se había acomodado de sensaciones continuas. Entonces las lágrimas blancas que emanaban por todo su interior, mostraban la ruina en que su cabeza exigía convertirse. Era sencillo: no podía dormir, no quería sentir.

Las llamadas telefónicas, sucedidas en clave de desánimo, no lograron aliviar aquellos perennes movimientos inútiles. De un lado a otro, mirando de aquí a allá, pensando en don y en doña, olvidándose de sí mismo. Sólo sobrecogido por una serpiente de color claro -venenosa ante todo- que mutaba su piel en el interior de un cuerpo gastado. Colgó el teléfono y supo que el desánimo se posaba sobre hombros alicaídos, párpados gastados y ojos enrarecidos. Los sentimientos ya se habían desgastado. En ocasiones de no utilizarlos. En otras, de puro maniqueísmo. La utopía del sueño era ya inalcanzable. El alivio tras esa llamada nunca llegaría. Despertó y sólo frente a él, la cruda realidad le mostró en lo que se había convertido. Le enseñó lo que hasta entonces parecía no haber aprendido. Por delante, ahora sólo le queda un tiempo que difícilmente pueda aprovechar. Eso sí, bajo una incuestionable cuestión de gustos, colores y olores.   

25/12/2008 14:16 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Con sabor a anemia

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Siempre se había mostrado demasiado ciclotímico para un ritmo vital que no le permitía conjeturas de ninguna o dudosa índole. Siempre había otorgado al beneficio de la duda un estado emocional para nada acorde con una mirada serena, fija, insultantemente estructurada en sus ideas, en convicciones disfrazadas a menudo de espinosos matices. Sin embargo, esta vez había degollado por completo el único reducto de felicidad que le quedaba: ese que alguien le había otorgado, aquel que siempre había sentido arrebatado.

Pensar en el mañana le asfixiaba. Nunca había sufrido irrisorios ataques de ansiedad, pero ahora su respiración se entrecortaba cuando pensaba en vitalizar su existencia. Sus fosas nasales ardían y cerraban el paso a la salida de aire. Cuando intentaba expulsarlo creía tener los orificios taponados con polvo fino, manchado, encandecido de una propia insuficiencia que le ahogaba. En lo físico y en lo psicológico. Aunque no podía hacer nada, no aguantaba imaginársela desnuda frente a otro. No soportaba saber que subastaba su cariño a otro mejor postor. Su estómago rezumaba ardor, su voz emitía sequedad. Dos botas pirenáicas galopaban por todo su cuerpo sólo de saber que esa inimaginable realidad era algo más que un disfrute ajeno. Era la percepción de un pasado inigualable, de un presente desconcertante, de un futuro inexistente.

Él había alcanzado el vacío espacio de la soledad. Entonces, buscó la perspectiva. No la encontró. Como un caballero, sólo le quedaba despedirse, no sin antes recordar todo aquello: el sabor a óxido, a hierro, a anemia. Él había dejado dejado de montar en la infructuosa noria de la ciclotimia. Él era venas, era nervio, era desesperación, era decadencia. En sus manos tuvo un imperecedero camino a la salvedad pero no supo dejar garbanzos que le guiaran hacia ella. Quiso pero no pudo, pudo pero no quiso. Sólo abogaba en desangrarse por dentro. Por fuera, lloraba pero no tenía lágrimas, reía pero no hacía muecas, buscaba consuelo sin encontrar sedación. Había admitido que la canción dejó de sonar. La triste melodía glorificó al silencio. Sólo entonces pudo respirar tranquilo. Sólo entonces, supo que ya era demasiado tarde.

17/11/2008 15:26 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

El periodismo sí es para cínicos

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En un ejercicio de irresponsabilidad, todos hemos sumergido al periodismo en un subterfugio de intereses, en el que el beneficio cobra el primer, y único, interés de los poderes fácticos que lo emplean por y para su mejor beneplácito. Éste es, entiéndase, como la maximización de los ingresos que sus diferentes negocios les reporten. Y ante él, los medios sólo pueden ejercer esa visagra que se consagra junto a la cabecera de turno. El mensaje se evapora, el mensajero puede morir. Poco importa cuándo, y en qué cantidad, interesa aún menos. Los medios cobran relevancia para ejecutar ese manido tráfico de intereses que el cacique, el terratiente, el oligarca o el mafioso de turno pueden y quieren llevar a cabo. Y ahí se sienten cómodos, sin duda.

Objetivos económicos sí. Pero no los únicos. Los medios de comunicación -en general-, y de información -en particular- apuntan y disparan para su consecución. Los grupos editoriales se configuran como grandes espectros sociales que alimentan el tráfico de palabras o ideas. Nunca para hacerlo con la verdad. Y si la hay, es esa que no pueda molestar, con la que pueden traficar. Porque el despotismo es así: está llena de hombres y nombres enjutados en su propia desfachatez y camuflados bajo estrechos nudos de corbata. Desgraciadamente, abundan en los medios de comunicación.

Desconozco el pecado que para con el periodismo hemos cometido, pero la enfermedad que padece es grave. Parece que todos los que estamos jugando con su contenido, con su forma y con su fondo nos hayamos acostumbrados al trapicheo barato de la noticia. Desde la propia Universidad es desde donde se viene abajo la estructura informativa, la calidad periodística, la valoración noticiosa. Desde las redacciones es donde se ahogan las necesidad de querer contar lo que desgraciadamente no se puede contar. Mientras, en los despachos, ríen, se asustan, y nos liquidan. Hay cosas que no se pueden decir. "Maldita sea, no eres objetivo", sollozan.

La objetividad no existe. Nunca existió y me niego a exista en algún momento. La objetividad sólo es un invento del dinero a través del cual se pretende justificar frases inconexas, ingrávitas e inválidas para aportar absolutamente nada. Frente a ello, la veracidad y la honradez buscan un protagonismo perdido ante la inexactitud que representa la objetividad. Todos creen saber de objetividad, todos piensan valorar la objetividad, todos aseguran conocer la objetividad. Incierto. Nos amparamos en la objetividad para no contar verdades, para no molestar e incomodar. Pero la objetividad no se basa en una línea recta sobre la que tengamos que caminar para elaborar una información. Ahí es donde comienza a desviarse la relación causa-efecto que el periodismo, entre otras cosas, debería llevar intrínsico.

Este requiem es para una profesión en coma, enferma de poder, de éxito, de ego, de víboras desposeídas de valor. El periodismo como profesión no se ha contagiado por cuenta ajena. Han sido otros los que la han llevado a un coma del que es difícil que salga, acorde con los valores que se estilan en los pomposos despachos conjuntos a las redacciones. El periodismo no cambiará a corto plazo, porque sencillamente es rentable. Kappucinsky decía que este oficio no es para cínicos. Discrepo: está hecho para ellos. Para cínicos que utilizan en su propio beneficio el uso de la información, el derecho a la (su) verdad, los intereses creados. Para ellos, el periodismo actual está hecho a la perfección, tiene una marca definitoria que no admite ni discusión, ni un matiz de modificación. El periodismo ha muerto ¡Viva el periodismo!

 

P.D: A Carlos Otto, el polémico.

30/10/2008 08:36 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

Felicidades

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Salió huyendo en busca de una responsabilidad presentada entonces como necesaria, acorralada, ultrajada. Como la morfina, que aturde y esconde la lógica imperante que nos embellece, esa válvula se convirtió en una obligación para él. Todo lo contrario a salirse de la senda diseñada en aquellas noches, suponía azuzar un estado de las cosas que había dejado de reaccionar. Se configuraba como el termómetro que medía una situación difícil, rara, diferente, incómoda. Enfrentarse a ello demostraba las entonces insalvables diferencias dibujadas en las bonitas caras de ambos: la noche y el día, Page o Zappa, el pragmatismo o lo idílico. Eran pensamientos y discusiones en las que creían germinar algo concreto. La realidad demostró lo contrario: habladurías futiles y estériles. No obstante, parecía hasta gustarle. Y eso, cuanto menos, es de valorar. Pero entonces eran más sanos, quizás más guapos, y seguramente más inteligentes. Tiempos de complicados pensamientos para fáciles decisiones.

Comenzó a recoger sus cosas de un viejo armario, apolillado, sin bichos pero con olor a una vejez que entonces se posaba sobre sus hombros. Sabía que hacía lo contrario a lo que a veces su cabeza le dictaba. Proyectado tras las palabras dictadas por ella, esa sensación de inseguridad le invadía por momentos. Esas ideas se cargaban de un convencimiento alejado de una realidad fácilmente identificable. Ya mimetizada a través de una esfera inalterable y acelerada, de poco o nada cumplían en ese choque de objetivos, muy distantes por cierto.

Entre el tumulto textil, adornado por un aroma algo pueril, descubrió una liviana nota que resumía a la perfección la melodía que -su vida en general, su pensamiento en particular- podía entonar. Comenzó a leer, recobrando a partir de entonces el sonido de una canción que se ajustaba al contexto presentado en esos momentos, vivido con el empuje que la desesperación y la falta de tiempo les invitaba. Sobreseído el caso en cada una de sus múltiples líneas, se detuvo a leer, a pensar, a desesperar.

 

16 de septiembre

permite que te invite a la despedida
no importa que no merezca más tu atención
así se hacen las cosas en mí familia
así me enseñaron a que las quisiera yo

permite que te dedique la última línea
no importa que te disguste esta canción
así mi conciencia quedará más tranquila
así en esta banda decimos adiós

...y al final
te ataré con todas mis fuerzas
mis brazos serán cuerdas al bailar este vals
...y al final
quiero verte de nuevo contenta
sigue dando vueltas
si aguantas de pie

permite que te explique que no tengo prisa
no importa que tengas algo mejor que hacer
así nos podemos pegar toda la vida
así si me dejas no te dejaré de querer.

 

Un tiempo después, ese fragmento bucólico, emanuense, aburrido; no había perdido, sin embargo, ni un ápice de sabiduría de aquello que quería decir. Un tiempo después, él no era una estrella del rock and roll, ni siguiera un cometa pasajero. Sabía que los vasos comunicantes entre ambos eran ya nulos, encontrando la fragilidad de las redes para algo así.

Aunque ya son dos barcos sin rumbos, hoy son dos marionetas que van persiguiendo una luz cegadora. Él, sigue sin encontrar sentido a un enigma que no le deja existir. Ella, sabe lo que el hombre espera. Todo ello, sin haberlo aprendido, y claro está, si los nervios se lo permitían. FELICIDADES.

28/10/2008 01:03 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Dudas razonables

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Desconozco la razón por la que las estrellas mediáticas, esas que adornan sus cuerpos con voluptuosos trajes de corbata y caracol, relucen sus rostros en televisión. Es más, desconozco la razón por la que la televisión se ha convertido en la quimera donde el oro es buscado por esos personajes dibujados de brillante desfachatez. Reclaman su felicidad como pioneros del tecnológico s.XXI. Esos monigotes dicen que todo va bien. Si así lo aseguran habrá que desconfiar.

No alcanzo a comprender el verdadero significado de la expresión crisis financiera, a pesar de mis intentos en anteriores post de relanzar un término manido, calificado como vital en unos momentos donde el capitalismo salvaje se baja los pantalones ante la indecencia que ellos solos han generado. Pobre de mí. Pobre del que quiso aprender algo de mí. El contribuyente mira atónito: guarda sus ahorros y sólo puede generarse a sí mismo un concepto que le despierta cada vez más dudas. Razonables en todo caso.

Pero dejando de lado el aspecto monetario que la televisión y los parqués bursatiles nos pueden brindar, también se escapa de mi lógica (y añado que de la gran mayoría. Absoluta en todo caso) las causas que nos llevan a repetir pensamientos, sentimientos, acciones, errores (crasos) y destierros mentales que juraste no volver a incluir dentro de los presupuestos generales de tu estado anímico. Una vez vencido en tu pulso particular, sólo te queda vigilarte a fondo. El único detective que funciona a estas horas genera cierto temor. Efectivamente, no te resistes al control policial que tu cabeza te establece. Un auténtico desastre. Sales por piernas de situaciones así. Una vez más. Y otra. Y las que te puedan quedar. No me atrevo a aventurar cuántas. Cuesta abajo, cuesta arriba se te hace el caminar. Uno ya elige el momento de detenerse ante el STOP de ocho ángulos (en estos casos, llamémosle octógono). Piensas, reflexionas, miras y continuas. ¿Hasta el siguiente? Sin duda.

Me resulta curioso conocer como un condenado alcohólico, cristiano ortodoxo, filántropo de medio pelo, cantante desgarrado y neurótico adicto a las anfetaminas puede generar un sentimiento musical tremendamente enganchante, terriblemente aséptico y vitalmente infinito. Efectivamente me refiero a Johnny Cash. Con una guitarra, un traje negro y una cicatriz como axioma de una personalidad abrupta, Cash te hace sentir la América profunda en stereo. O en dolby sorround. Cash se te pega a las orejas una música popular que tiene vida más allá de los spaguetti western. Te importa su música. Te preocupa porqué te hace sentirla de esa forma. Podría ser comparado con otros grandes del género, de la música, del arte en definitiva. Sería perder el tiempo. Johnny Cash fue único. Es único. Será único. Ni mejor ni peor. Incomparable en todas sus vertientes. Lo que Norman Mailer a la literatura, Johnny Cash es a este fraudulento negocio de la música. En él quien no corre vuela. O tonto el último. Perfectos en su forma, mediocres en sus modos. Lo fácil es engancharte no a lo que dicen, sino a la forma en la que lo dicen.

Rozando el patetismo, dudo de mi capacidad para encadenar ideas ya no brillantes, sino sencillamente comprensibles cuando te sientas a escribir. Sin la obligación de nada, apareces de repente frente a una pantalla en blanco, con el cursor parpadeando y te enmarcas en un tumulto de gilipolleces que sólo tu alcanzas a entender bajo la virtualización del OK, SAVE, GUARDAR o PUBLICAR. Mientras pienso qué opción escojo, apuras un cigarro y te preparas para enmarcarte en la siempre fácil aventura de dormir. Ahora sólo te queda saber qué clase de onirismo te espera. De lo que no dudas es de que el siguiente STOP está cerca. Afortunadamente, mucho más de lo que creemos.

11/10/2008 02:40 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Crisis

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Su cara se había tornado de una incredulidad palpable a un desánimo recalcitante. La caída de bolsas, la quiebra de los bancos o el languidecimiento de las colas del paro sólo eran un ejemplo vivaz del choque de realidades al que el capitalismo se estaba exponiendo. Algunos le llamaban crisis. Crisis, esa palabra de recurrencia sutil cuando las cosas salen sólo de una forma un tanto desviada. Esto era una crisis. Sí, pero también era el desplome de un sistema alimentado bajo los adornados lazos que la democracia había puesto. ¿Es la democracia sólo un poder fáctico bajo el auspicio de la economía? Los parqués de la bolsa mandan y los gobernantes sólo pueden aseverar y garantizar el pago de intereses. Paradojas de la realidad. Esa que a veces unos, y otros, se niegan a aceptar.

Ayer había caído Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión más importante en EEUU. Le importaba ya bien poco. De veras. Se había saturado, hastiado, cansado. Llamémosle de cualquier forma que nos pueda dar ejemplo de la situación. A partir de ese momento, sólo quería reflotarse a sí mismo.

No tenía mucho más que decir. Y por supuesto nada que hacer. Llegó a casa, lanzó los dados y el azar quiso que en ese momento todo le diese igual. La fluidez mental de la que había hecho gala, se esfumaba como el agua evaporada. Quería escribir. No podía. Entonces se acordó de la palabra mágica: crisis. El término se había olvidado de acechar a los mercados financieros. Ahora se instalaba en su cerebro. Crisis de algo. De todo. Nada salía exactamente desviado, todo fluía concretamente de manera opuesta. No pudo pensar mucho más. A partir de ese momento, durmió.

16/09/2008 07:19 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Bailando junto a la tristeza

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La tristeza es como ese balón medicinal que se posa sobre tus espaldas. Aunque quieras pensar que su peso no subyuga tus cervicales, sabes que esa incomodidad te acompañará durante el trayecto. Cuando duermes, la tristeza se transforma en un calor sofocante que te abofetea antes de poder conciliar el sueño. La tristeza se anuda sobre los cordones de tus zapatillas y te hace arrastrarte hasta tu próximo destino. Aquel al que acudes como la obligación que marca tu devenir. La tristeza te quita las ganas de saborear la comida. Engulles por mera necesidad fisiológica y vital, pero sin la más mínima necesidad de aportar un gramo vitamínico.La tristeza es saber que estás triste pero sin saber porqué.

Estar triste te cabrea: contigo, con los demás, con nada en particular. La tristeza se apodera de tu sonrisa. Pero también de tus ganas de disfrutar, de tu necesidad de comunicar, de aportar, de hacer gozar. La tristeza marca una X en todos los días de aquel calendario que tenía forma de estampita. La tristeza es desear que sí, pero saber que no. Es saber que quieres pero no puedes (o era al revés). De vez en cuando, la tristeza se disfraza de falsa esperanza. El resto de las veces, te dice a la cara que puedes empezar a desesperarte. La tristeza es darte cuenta que tus dos últimos artículos están publicados a la misma hora. Una exactitud que te hace desconfiar de la esencia laboral nocturna.

Cuando estás triste no quieres cerrar los bares. Entonces, los bares se convierten en cuevas donde los 40 ladrones plantan cara a un díscolo líder llamado Alí-Baba. La tristeza es mirarte en el espejo y no reconocerte. Es no querer ser tú, pero sin embargo, no conformarte con lo que eres. Es arrepentirte. La tristeza es la personificación ecléptica de las drogas. La tristeza hace que la búsqueda de la felicidad sea un pretexto para ser infeliz .

La tristeza es el mejor compañero de borracheras de la melancolía. La tristeza es echarte de menos. La tristeza son las letras varadas de Cormac McCarthy, las pinceladas del Goya ciclotímico o la voz desgarrada de Aretha Franklin. La tristeza es el alter ego de algo incotrolable. La tristeza se sienta sobre tu hombro, se acomoda y te saluda. A tí, ya sólo te queda ser su amigo. ¿Bailas?

01/08/2008 04:09 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

The Stranglers como hilo musical lapidario

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No le convenía leer esto. Antes de ese momento, sabía que todo su pensamiento giraba en torno a una idea. Fija, en ocasiones, variable ante el devenir de ideas perecederas. Sabía que el frío marmol que entonces subyugaba su espalda se convertiría en un martirio con el que afrontar su delicada estabilidad. Ni siquiera las burbujas que se forman mezclando agua con ácido podrían sanarle tal dolor de sentimientos.

Había muerto. Nunca se esclarecieron muy bien las causas de una pérdida que servía como acicate de ese portazo dado. Se hablaba de un disparo en la garganta. Ya daba igual. En el entierro, sonaban The Stranglers, la canción Golden Brown para ser más exactos. Lágrimas bucólicas disfrazadas de un sinfín de comentarios sobre lo que había sido en vida. Ya nunca volvería a escuchar críticas infundadas en sensaciones de una noche, o maquilladas alabanzas que se habían presentado como regalo para oídos necesitados de adulación barata.

El temblor de sus piernas denotaba que se había equivocado con improntas decisiones dadas con el consentimiento de las prisas. Con esa necesidad de arreglar los entuertos que su cabeza se generaban con la rapidez con la que una lavadora centrifuga. Lloraba de rabia, de impotencia, de insano deseo, conocedora de que ya nunca tendría la oportunidad de decirle lo mucho que lo odiaba. Quizás por eso, la pelea se había convertido en la llave que abría y cerraba el fluído tráfico de sentimientos. Ya no tendría posibilidad de focalizar la estupidez que los rodeaba cuando no se ponían de acuerdo.

Había muerto. Todos salen del cementerio. Las ratas comienzan a relamerse las uñas. Ya no había tiempo para más cuerpos rectos y ojos invariables ante la inmovilidad que presentaba. Ya no se movería. Ya no mentiría. Todo aquello, ya no le dolería.Quizás había encontrado una vía de escape que nunca creyó que existiría. Estaba muy cansado, aunque ya las ojeras no le importarían mucho. Ya sólo le quedaba descansar. Por fin nadie le molesta. Por fin no le importa lo que piensen de él, las acusaciones que sobre él se viertan. Nunca tachó aquel día de la agenda. Toca pasar página, aunque su libreta ya está cerrada. Debería haber muerto más a menudo.

30/07/2008 04:09 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

El tipo de persona que todo el mundo cree que es

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Cuando uno se acomoda para escribir no sólo relaja músculos tibios y flácidos que se rinden ante el devenir de los acontecimientos. Tu cerebro se asienta sobre unas experiencias que quizás nunca llegaron a ocurrir, pero que te sirven como tabla periódica de esa combinación química que forman lo que somos, queremos y, que no siempre disfrutamos. Entonces, pones a Frank Zappa en esa lista de reproducción vital para comprender un poco mejor lo que nunca llegaremos a ser. Nuestro corazón se disfraza de lacónico suspiro. Lanzas los dados y la ocurrencia temática del momento ya tiene un argumento al que agarrarse. A veces, la mentira cobra protagonismo. Y nos enseña el agradable sabor de tu lengua chupando el óxido. Porque a eso sabe la mentira. En otro momento, encuentras inspiración en ese niño que se sabía para cosas grandes. Se quedó en un camino regodeado de pequeñas trampas y sin referencias que guiarle. Volvió -aunque esta vez sin garbanzos que le mostrasen el retorno- para encontrar la paz consigo mismo.

Evocar un recuerdo que nunca se repetirá te hace ver la importancia del estado de las cosas. Afuera, nadie quiere que se altere por un miedo a menudear con un progresivo desarrollo. La inspiración no se busca. La encuentras en un cubo de basura repleto de pobredumbre, o en un ánimo que por momentos se desquebraja al mismo ritmo que los Balcanes. Sin embargo, el Milosevic que te acompaña nunca será juzgado por crimenes contra la humanidad. Ahora sólo importa la crisis económica y la empredecible repercusión que tendrá sobre los negocios de los poderosos corbateados. Tú, juegas con un garbanzo como si tus dedos fuesen las piernas de un futbolista que en algún momento se erigió como un ídolo cercano. Nunca más alejado de esa realidad demasiado cotidiana.

Miras la pantalla de tu ordenador y te das cuenta de que era como estar en un cuento de Edgar Allan Poe, en el que uno no es el tipo de persona que todo el mundo piensa que es. Bob Dylan nunca se equivoca.

15/07/2008 07:29 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

People's strange when you're strange

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El presidente del Gobierno aparece en la televisión para dar cuenta de la situación en la que este bendito país se ha metido. Los camioneros boicotean el tráfico fluído de las autopistas. El fútbol nos vuelve a todos majaras. Los supermercados agotan las existencias vitales de alimentación. Ahora hay sobreexceso de pasta de dientes, perfumes y pasteles repletos de grasa. De alguna manera tienen que llenar los huecos que la desaceleración está dejando. ¿Desaceleración o crisis? El presidente matiza ante la desafiante mirada de sus rivales políticos. De ellos, y del usuario que está en casa sin comprender muy bien cómo hemos llegado hasta aquí. Dicen que es por el petróleo. La madre del cordero de un vertebralidad económica ahora disparatada. Y ya se sabe: si a quien no entiende, le dicen que los problemas van a parar a la cartera, las alarmas se encienden.

Mientras, tú asientes atónito a todo lo que ocurre a tu alrededor. La vorágine del tiempo se ha llevado por delante tu capacidad de mimetismo ante los acontecimientos. Cae la tarde y de nuevo te olvidas de tomar una determinación. Jim Morrison decía People is strange when you are strange. La cara de esa otra persona tiene facciones poco marcadas y la anomalía en los pasos de los vecinos con los que te cruzas, te hace recordar esa frase. Algo de razón tenía.Tu estabilidad empieza a oler a pólvora. Le lanzas un flotador para que intente salir de la marea en la que se han metido. No sabes si la evacuación será posible. Mientras, en la calle, el afilador entona su melodía. Para él, la crisis no parece existir. Ha llegado la hora de silbar. ¿Alegremente? El afilador lo hace. A tí, aún te quedan algunas dudas.

11/06/2008 10:42 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

El casco era lo de menos

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Giró con su coche el pequeño recóndito esquinado que separaba una calle con otra aún a riesgo de encontrarse con ella. Antaño, solía quedar cerca de esa zona, donde las relativas comodidades de los bancos de piedra y el azúcar plastificado de las gominolas servían de retiro espiritual. Sin caer en la cuenta de la zona en la que se encontraba, torció a la izquierda y, granjeado por el atasco reinante, pisó el freno y paró el coche casi en un insultante acto reflejo. Entonces, la vio reflejada bajo el cristal izquierdo.

Llevaba casco. Signo inequívoco de su pasión por una moto que descansaba a su vera. En ese momento era su única compañía. La seguridad que otorga el casco no está reñída con la plasticidad que en tu rostro forma. Nadie puede poner en duda que los cascos afean. En su caso no era para menos, aunque la planidad que en su cara se generaba hacía de ella lo más parecido a un pez dentro de una pecera cilíndrica con ojos grandes inclusive. Chof, chof. Afortunadamenta no había cambiado mucho. O al menos, creía que no dado lo que él podía observar desde su posición en el asiento del piloto y la escasa transparencia facial que el casco dejaba vislumbrar.

Sin darse cuenta parecía haber retomado una situación hasta entonces conocida pero desde aquel momento un tanto extraña. Sin capacidad de reacción, esperó a que el coche anterior partiera, el tráfico diese una tregua, aceleró y dio rienda suelta a la oportunidad perdida. Llegó a casa. Recordó aquellos escasos segundos -intuyendo la desaparición del casco en esa imaginaria fotografía, claro está- y rezó por seguir deseándola. Aquella noche no tuvo ninguna duda: se masturbó pensando en ella.

19/05/2008 17:18 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

Quizás tú tengas un título mejor

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Al caminar dejaba entrever una ligera cojera. Uno debía fijarse muy detenidamente para apreciarla dada la buena predisposición que tenía a disimular las asperezas que de su paso emanaban. De lo que estaba seguro, era de que esa mal formación no era congénita. Quizás había sido fruto de algún ataque a plena luz del día -cuando las aves orientales huían con el olor a pólvora-, por el impacto de la metralla de algún coche bomba colocado en el eje de coordenadas exacto, o sencillamente porque la falta reincidente de calcio había impedido el flujo normalizado de sangre hacia esa zona. Nunca me atreví a preguntarle el motivo por el que cojeaba. Cuando uno se acostumbraba a ello no le daba más importancia aunque creo recordar que era la derecha la que le proporcionaba esa inclinación en sus extremidades inferiores.

En la zona, la desolación se había apoderado de lo que hasta no hace mucho tiempo era un reclamo para estrategas que juegan su papel en la esfera internacional. Pero también era un destino dulce para turistas ansiosos de volver con una bonita historia, periodistas que rezumaban guerra con el deseo de una paz duradera o empresarios tocados por la varita de un capitalismo que no entiende de fronteras ni de daños colaterales. Los de allí nunca dijeron nada, nunca se opusieron a nada, nunca dejaron de confiar. Apenas tenían motivos sino contrastar los constantes rumores que hablaban de ser cuna de un terrorismo que, hasta ese momento, en las calles no se había presentado. "Buenos días, soy el terrorismo", debieron haber dicho ante la presencia de algún nativo. Como no fue así, nadie creyó que la cosa fuese tan grave como se decía.

Ha pasado tiempo desde entonces. El terrorismo nunca se llegó a presentar con modales. Por ello, los señores de la guerra utilizaron ese desafortunado escenario para robar los pequeños trozos de felicidad que de esa tierra emanaban. Lo droga también quiso ser partícipe de una actividad tan excitante apoderándose del adjetivo que te define de cara al exterior: ahora son un narcoestado en la que los dólares son la cabeza visible de un sociedad invertebrada y desigual.

En este marco, la palabra esperanza pierde su sentido. A casi todo el mundo se le ha agotado su particular reloj de arena con la misma. Ya no creen en el sarcamasco que antaño dominó la zona con bobaliconas sonrisa. Ahora los casquillos de bala han sustituido a los balones de fútbol, las celebraciones fúnebres a las bodas ortodoxas y los llantos de desesperación al cordial saludo con el ingenuo turista. La mirada de un niño se pierde bajo el rastro de un obús nocturno y la sonrisa de una mujer ha sido borrada por el terror. La sinrazón de la guerra nunca acaba. Tan sólo te da una tregua cuando has olvidado llorar. No creas que por alegría. Por desconsuelo y amarga reiteración. Tan repetitiva como el imperfecto y penoso caminar de quien tiene, aunque ligera, esa incómoda cojera

13/05/2008 17:14 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

La proximidad de un bulto

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Tiempo atrás había sentido la necesidad de acudir al médico. Había notado un pequeño bulto debajo de sus pechos. En un principio no era muy alarmante, pero viendo sus antecedentes familiares y la tranquilidad con la que la conciencia descansa cuando el especialista te observa, decidió acudir para dejar de sentir esa necesidad. En casa, había dejado la maleta preparada para enfrentarse a lo peor. A una posible realidad que tan sólo quería ver con el rabillo del ojo.

Mientras él, había dejado de saber cómo ayudarle. Aunque no lo demostrase, la amaba con todas sus fuerzas porque tenía muy claro lo que representaba en su vida: la figura que encuentras y a través de la cual gira una estabilidad que sólo su sonrisa le proporcionaba. Es cierto que los guiños de complicidad cada vez eran más escasos, pero nunca había dejado de quererla. Tanto para él como para un futuro en el que sonaban campanas con un tono cada vez más grave. Sin embargo, su amor por ella no daba tregua cuando ella y su bulto se alejaban. A poco que la recordaba, también estaba presente lo que sentía por ella. Y eso le castigaba si miraba atrás, sencillamente porque se había enamorado de la persona, del cariño, de las eternas batallas, de sus sueños, de su bulto.

Las pruebas tardaron en llegar. Mientras, ella vió que sin su apoyo, esa dura lucha por mantener la esperanza multipolar no merecía le pena. Decidieron alejarse el uno del otro. Quizás para siempre. Quizás para que fuese ella sola la que se tocase los pechos y dejase de sentir ese bulto disfrazado de malestar e incomodidad. Quizás para salir del hospital y encontrárselo esperándola a las puertas del mismo. Quizás para que, en un gesto macabro, él quisiese que fuese algo más que una simple revisión médica y de esta manera no despegarse ni un solo segundo de ella.

20/04/2008 03:40 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Quizás se había cansado de esperar

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Entró en el vagón del metro cuando el rechistar que anuncia el cierre de puertas se proyectaba en la horizontalidad de la parada. Intuía la proximidad de la partida pero sólo cuando vio la oportunidad de avanzar decidió correr. Su esfuerzo suponía un reto ante el conductor del vagón, verdadero verdugo de destinos a esas horas de la mañana. Esta vez venció y ya formaba parte de ese crepúsculo masificado al que se unió no sin disimular una satisfacción recreada con un suspiro.

Alzó la vista y se mostró reflejado en el cristal de la puerta cristalizada. Para una persona que había cuidado su imagen hasta la última raíz de su pelo, hasta el más ínfimo detalle y para la cuál gastaba a diario tiempo y dinero; un último vistazo -retoque incluído- era necesario. Casi obligado me atrevería a recalcar. Salió de ese estado edonista y el metro aún no había avanzado ni un solo palmo en la vía. Fuera, el incensante goteo de gente que llegaba conjugaba con unas caras que pedían una nueva apertura. Daba igual si estaba lleno. Sólo querían sentir la seguridad que otorga un tren en constante recibimiento anónimo. No fue así. Entonces, una desagradable voz recorrió el subterráneo anunciando el tan temido mensaje de las ocho de la mañana.

-Por motivos ajenos a Metro, este tren estará parado en un tiempo estimado de 15 a 20 minutos.

Sólo el runrún generalizado del rebaño que dentro del vagón esperaba su depósito, modificó un status quo que se repetía a diario más de lo que el viajero podía desear. Eso sí, siempre de manera y por motivos ajenos a Metro.

-Como se nota que ellos no tienen que cogerlo. Si estuvieran aquí dentro esto funcionaría a las mil maravillas. Que poco piensan en la gente que necesita coger este trasto para ir a trabajar. Para trabajar y así reportarles los beneficios de los que ellos hacen gala.

Quien hablaba era un personaje situado junto a nuestro protagonista, que le miró con ese aire cándido que otorga la complicidad. Era bajito, maltratado por el paso de los años, proyectado por la incultura y el desaliento. Quizás nunca le había interesado ser de otra forma pero con esa frase subvencionó el pensamiento de otros tantos viajeros. Referida a los dirigentes, a los poderosos que inauguran metros pero que en su puta vida han sentido lo qué es viajar en otra cosa que no sea en sus lujosos y pomposos coches oficiales, aquella afirmación de un desconocido era para sus ojos una nueva impronta que le decía que ya llegaba tarde. Ni se inquietó porque afortunadamente no era la primera vez.

El metro es ese espectro inerte que te lleva de un sitio a otro sin que sepas muy bien cómo están conectadas radialmente unas estaciones con otras. Es el único refugio que te abraza cuando el afilado frío de la calle te merodea, te estudia y te ataca mientras tu patente indefensión tiene bastante con toser. Entonces el vértigo de la sensación térmica te invade. En un vagón de metro la gente se olvida de su seguridad, de su condescendencia para con los demás, de ser complaciente, de tener paciencia. Donde la música disfrazada de animación sociocultural te invita a olvidar el escenario oscuro sobre el que el vagón te está transportando. Es el mercado potencial de diarios gratuitos, de novelas baratas y del seguimiento indiscreto de aquellos que otean las páginas que el prójimo tiene abiertas. Paralelismos de lecturas. Es saber buscar el juego de miradas que el reflejo de los cristales proyectan. Viajar en metro es insertarte en un inframundo diferente cuyo pasaporte tiene el valor de un euro pero que a la vez es la señal inequívoca del urbanismo que nos rodea. Es el brazo armado de la sociedad desesperante.

Las puertas se habían vuelto a abrir pero la gente que había llegado después ya no tenía esa necesidad de montar que antes rezumaban. La comodidad premiaba sobre la seguridad de partir una vez solucionado el problema. El tipo inocuo que reclamaba algo más que avisos por megáfono no se había movido ni un sólo centímetro. Si acaso su gesto era cada vez más agrio a cada minuto que pasaba. Chisteaba incensantemente mientras agitaba la cabeza de un lado a otro queriendo dejar evidencia de su desacuerdo con el funcionamiento del tren aquella mañana. 

Con los motores parados y las puertas abiertas, nuestro protagonista perdió una paciencia que otros sí habían tenido. La inoperante espera se la había robado. Salió del vagón, perdiendo ese privilegio que se torna en un minúsculo hueco entre el rebaño. El denominador común creado con el hombre anclado en quejas se perdió. Sabía que el reto conseguido cuando entró corriendo ya no valía para nada y su lugar fue ocupado por otros tantos viajeros ansiosos de satisfacer sus múltiples destinos. En ese momento, el tren volvió a anunciar que retomaba la marcha. Pero él ya no estaba dentro. Daba igual, se puso los cascos y comenzó a escuchar a Tom Waitts. Quizás se había cansado de esperar. Quizás.

19/03/2008 16:28 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

Siempre nos quedarán los algodones de azúcar

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Cuando has dejado de creer en dios. Cuando masticar chicle te parece someter a la mandíbula a un esfuerzo inútil. Cuando la venganza se apodera de cada gesto cómplice que de ti emana. Cuando el silencio tiene de primer apellido incomodidad. Cuando las oportunidades se otorgan siempre a modo de contrareembolso, esperando de ellas una buena recompensa. Cuando al respeto le sale pólvora de la cabeza. Cuando aprendiste a dormir con un ojo abierto. Cuando el brazo que acariciabas se llenó de astillas. Cuando el perro de compañía dejó de sacar la lengua. Cuando mis problemas ya no son los tuyos. Cuando el amor se solapa con la comodidad. Cuando la mentira invadió tu zona VIP. Cuando tus errores jamás se borrarán de la parte trasera del DNI. Cuando nadie fue capaz de quitarnos la paja en el ojo ajeno. Cuando las malas interpretaciones son fruto de verdaderos cuentos de ciencia ficción al mejor estilo de Philip K. Dick. Cuando un te quiero adquiere matices casi peyorativos. Cuando no supiste responder a la pregunta de hasta cuándo.Cuando tus planes chocan contra un muro de Berlín. Cuando un si telefónico se convierte en tu peor enemigo. Cuando el alcohol dejó de pasar factura. Cuando el sexo es inmejorable. Cuando terminas de escribir esto es cuando sabes que el ticket (o moneda, o entrada) de esta montaña rusa ha expirado. No te preocupes, a la salida siempre nos quedarán los algodones de azúcar.

14/03/2008 19:59 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

El sueño de los que no duermen

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Cuando hablé de él, la nitidez en la cara de los allí presentes denotaba extrañeza. Quizás porque no acostumbraban a valorarlo como realmente ha merecido en unos últimos tiempos en los que la combustión de su vida había quemado más etapas que las de cualquier otro joven de su edad. No es que aparentase ser más mayor, es que directamente la ceguera se había apropiado del resto cuando su presencia se antojaba cuanto menos, posible. Y eso jode para alguien que no había perdido un sólo segundo en levantarse bofetada tras bofetada.

Pero cuando hablé de él, supe que evocaba a alguien que te invitaba a su casa a beber coca-colas mientras intentabas tragar algún dulce rocoso. La mezcla es difícil pero cuando el hambre agudizaba tras una tarde entera en el barrio, tu estomago se convertía en traidor de las causas lógicas. El perfume a gato era habitual. Normal cuando tras de tí corría una jauría que sólo buscaban un pequeño gesto de alguien desconocido para ellos. Sólo recordar aquello te hacía ver que salir del colegio ya no se convertía en cita obligada con el bocadillo de salchichón. Al menos, cuando él jugaba de portero, rompía guantes y presumía de su abuelo, siempre te quedaba ir a su casa para merendar. El resto, importaba poco.

Porque hablar de él implica hablar de los Caballeros del Zodiaco -y más concretamente de cisne-, de jerseis infames, de un pelo color castaño que nadie se atrevió a tildar de pelirrojo y de una seguridad pasmosa perdida que ahora intenta recuperar a cada gesto de reciprocidad.

Evocar su presencia es tener presente como joder el final de 'Arma Letal' a la salida del cine, es alucinar con Eddie Murphy en 'Superdetective en Hollywood' o rememorar gallos al son de los Héros del Silencio o de los Pirata. Pero si de su voz hablamos, nadie como él para imitar el sonido de las pistolas en dolby sorround.

Pero también es recordar a 'Martes y 13', queriendo siempre ser nuestra particular versión de Millán Salcedo. O es escuchar hasta la saciedad que te parecías a Jaime Urrutia mientras se peinaba ese tupe que ni siquiera a él le gustaba. Su pelo indomable siempre le permitió experimentos disfrazados con un toque de la sutileza que te otorga la gomina.

No olvides que mencionarle es ver frente a tí una adolescencia escondida entre mil y una compañías, es conocer el infierno de cuatro paredes que encierran tu espacio vital mientras sientes los escalofríos de la última planta de un hospital, es sentir el trago más amargo de unas drogas que alguien llama 'blandas' o es perder la horma de tu zapato en el camino más duro de tu vida.

Pero él volvió y ahora sólo le huelen los pies, eructa para sí mismo -con buena voluntad bajo su fuero interno-, valora el buen humor tanto o más como a él le han infravalorado el suyo y tiene esa extraña capacidad de enamorarse de quien no se lo merece. Mientras tanto, juega más que bien a periodista, guionista y artista; trabaja en lo que no le gusta para poder sacarse sus castañas de un fuego que ya desde pequeño comenzó a quemarle y empieza a encontrar lo que Huxley llamó un día mundo feliz. Si esto te parece poco, incluso sale sonriendo en las fotos. Yo, ante él, me quito el sombrero.

01/02/2008 13:49 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

Camino o laberinto. ¿Dudar? Quizás

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Desconozco quién es la Institución pública, privada o sentimental que se encarga de administrar las emociones que nos golpean en nuestro devenir. Los funcionarios de este maravilloso Ente se encargan de proporcionarnos una pequeña ración cada determinado tiempo a modo de anestesia. Así, en cado uno de los casos su función será recordarnos que la senda emprendida es maravillosa, bien que es una mierda (siendo o no consciente de ello) o, sencillamente provocar nuestra atención y no dejarnos caer en la tentativa que supone la constante pasividad.

Ahora que el barco del 2008 ha zarpado, los deseos que con él quieren flotar son muchos. Estupideces, la gran mayoría de los casos. Es decir, no actos que vayan a cambiar nuestro habitual estilo de vida, pero sí promesas que actúan como desfibriladores para nuestra conciencia. Tomas las uvas y piensas: aprender idiomas, dejar de fumar, hacer deporte. Blablablabla. Al día siguiente amaneces con una resaca que se disfraza de demonio y eres consciente de que todo ello quedó ahogado en tu primera copa del nuevo año. Espeluznante, de veras.

Sin embargo, sólo el paso del tiempo te permite ir analizando el estado de las cosas (de las tuyas, de las mías, de las de todos en general) con la objetividad que cabe en un vaso de agua. Despejar un horizonte que hasta no hace mucho tiempo podría haberse vestido de un color totalmente diferente al que tiene ahora, lleva un tiempo que no siempre estamos capacitados para aguantar en la sala de espera. Porque las salas de espera huelen a escasez de esperanza. Es una mezcla a desesperación, a zotal y a muerto. Sobre todo a muerto. Y en esas condiciones la espera se hace muy larga.

Pero dejando a un lado las condiciones de salubridad de las salas de espera, uno nunca tiene la certeza de haber acertado cuando dos (o más) caminos se cruzan en nuetro planeta tranquilidad. De ahí que la espera sea necesaria. La valoración definitiva tardará en llegar. Hasta entonces, la valoración propia que nosotros realizamos nunca termina de gustarnos del todo. La eterna decisión que asoma con dos cabezas visibles.

- Creo que he hecho lo mejor -insinúas cuando la más mínima mota de felicidad te rodea. Mientras, miras al horizonte con cara de ganso para hacer público tu efímero estado. Que me aspen si no es así.

- Quizás si hubiera elegido el otro camino ahora no pensaría así -entonces giras la cabeza y pareces ver a un tumulto de personas que te despiden con pañuelos blancos. Como en esas películas de infames despedidas al calor del vapor del tren. O sí, como en la Guerra Civil.

Uno nunca tiene la certeza de saber si toma bien sus decisiones. Siempre queda esa genial actitud que te hace poner en duda la consagración de tus actos. Entonces crees tener en tu estómago decenas de malditas palomas que cagan al sonido de tus pensamientos. Al menos, siempre te quedará el consuelo de que las palomas dan asco. Nuestras dudas y pensamientos, sólo a veces. 

04/01/2008 18:08 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 1 comentario.

La felicidad a, a, a, a, a, a, a, a, a, a, a, a

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Uno nunca sabe cuando está amarrando la felicidad para retenerla sin la letra pequeña de un contrato sin vigencia legal. En ocasiones la llegamos a palpar con la yema de los dedos otorgándole una confianza que no sabe admirar, provocando en ella la espantada. Entonces sólo queda esperar al siguente descanso que realice a tu vera para poder disfrutar de ella el tiempo que te otorgue. En otros momentos, somos nosotros mismos quienes, con unos actos que nos desnudan ante ella, le damos la patada para que se busque a otros compañeros de viaje, dejándonos huérfanos de su consejo. De vez en cuando, somos felices.

La felicidad siempre disputa los partidos en su terreno de juego con todo lo que ello conlleva: público a favor, arbitrajes injustos y una actitud defensiva descarada por parte del rival, en este caso nosotros. Así, tenemos todas las de perder. Sin embargo, en nuestro forzada necesidad de encontrar la felicidad, la búsqueda trae consigo una serie de factores que nos otorgan pedazitos. Poco a poco el puzzle se va conformando y en ese camino vamos conociendo la satisfacción que otorga el dulce sabor de ser feliz. 

Por ello, la sensación de felicidad nos sobrevuela sin que logremos convencerla de que duerma esa noche junto a nosotros. Amanecemos sin saber cómo hacerle entrar en razón para que los múltiples factores que la/nos engloban se unifiquen. Es a partir de ahi cuando no tenemos ningunda duda de categorizar.

-Sí, soy feliz -piensas.

-¿Hasta cuándo? -replica.

Sabes que es hasta el momento que ella quiera. Hija de puta.

Dicen que lo bueno si es breve es dos veces bueno. Y yo aseguro que ser feliz, si es breve, no es bueno. Es una mierda.

20/12/2007 00:02 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

Llegó la hora de destapar el mito (Parte I)

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Esto no es un calentón. Es un pensamiento sembrado durante años. Lolo y yo somos chicos de provincia. Ciudadrealeños para ser más exacto. Y sí, admito que mi lugar de origen no se caracteriza por la belleza, ni siquiera por tener una población en demasía (60.000 habitantes). Si acaso me quedo con las gachas y la salobreña. Poco más destaco. Es cierto, autocrítico e inconformista: Ciudad Real es una mierda. Oro y diamantes. Qué le vamos a hacer. 

Sin embargo, ya es hora de destapar los mitos de las ciudades españolas. Porque el 80% de las mismas son ciudadreales repartidas por diferentes accidentes geográficos en los que los mitos franquistas o las giras veraniegas de Karina y Georgie Dann han destapado como grandes ciudades. Mentira. Esto es categoricamente falso cuando uno analiza el resto de ciudades que no entiendo porqué estraña conspiración astral están consideradas como grandes o importantes. Es entonces cuando el mito vuelve a relucir. Y Lolo (sentado junto a mí y proclive a levantar complejos) y yo volvemos a cagarnos en el mito. Porque sí, Ciudad Real es una castaña pilonga, pero no os engañeis; porque lo es pero al calor de otras ciudades tales como Segovia, Ávila, Jaen, León, Lugo, Palencia,Pontevedra, Santander, Logroño, Vitoria, Gerona, Tarragona, Lérida, Huesca, Palencia, Zamora, Badajoz, Burgos, Murcia (me entran escalofríos mientras escribo todas y cada una de las seis letras que conforman su nombre) Almería, Alicante (sí, sí aunque sea cita obligada del jubileo patrio), Guadalajara o Albacete entre otras. Desconozco en estos momentos si me dejo en el tintero alguna de las grandes provincias que rodean el mapa español y siento si alguien puede sentirse herido en su orgullo gentil. ¡Pero ya está bien!

Pensareis en estos momentos que en esta confubulación dejamos a un lado de estas 'maravillosas' ciudades, las cacas que históricamente han copado insultos, risas y desconocimiento geográfico como pueden ser Teruel, Soria y, como ya dijimos, Ciudad Real. Hemos querido apartarlas porque por obviedad están incluidas. No obstante cuando uno se ve insertado en este compendio estupendo, la solidaridad sale a relucir. Somos cacas y ese tufo que nos ha englobado queremos compartirlo con otras provincias españolas que, hasta este artículo , estaban olvidadas de los anales de ciudades igualmente poco valoradas por nuestra parte.

Llegó la hora de los ejemplos gráficos. Aseguro que no tengo la más remota idea de quiénes son esas dos personas que conforman esa estupenda pareja que posa sonriente ante la estatua de Espartero en el Espolón situada en Logroño. Sin embargo, la pregunta surge cuando nos planteamos qué diferencia existe  entre la estatua ahora mismo citada y la de la derecha del Rey Juan II de Castilla situada en el Torreón de Ciudad Real. La respuesta es bien sencilla: ninguna. Es en este punto cuando nace la moraleja: las estatuas ecuestres no embellecen una ciudad, ni valen como argumento para destacarlas.

Sin embargo, la argumentación estrella a la hora de venderte la moto (recayendo entonces sobre tí el papel de caradura) sobre una ciudad es su catedral. "No, pero tiene Catedral" suele ser una frase a la que se acude para no caer en una crítica que por mucho que se quiera espantar, es irrefutable. Las catedrales de alguna de estas ciudades fuero construidas en su gran mayoría a lo largo de los diferentes períodos artísticos. Pero amigos, el Renacimiento o el Romanticismo (por citar) acabó y con ellos la grandeza que en ese momento puedan tener. Dejad de vivir de las rentas.

Acabamos no sin recordar que ríos -que automáticamente exigen o traen de serie un puente- fachadas de universidades, resquicios de murallas, gastronomía, campos de fútbol, playa o montaña (dejamos elegir) o fiestas INFAMES no os valen como excusa para estar en lo alto de la clasificación. Recordad que España tiene dos ligas muy diferentes y, por mucho que pueda joder, vuestras ciudades también juegan por no descender. El mito no deja de crecer. Espeluznante. 

17/12/2007 01:07 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 2 comentarios.

Odio no ser como tú

20071208173509-odio.jpgOdio no ser como tú. Odio esa facilidad con la que consigues evadirte de lo que otro creemos que es una necesidad. Odio escuchar "a mí me da igual". Odio tus michelines. Tu extrema delgadez. Tus pies planos. Tu aliento susurrándome que las cosas pueden cambiar. Tu desidia cuando ha de llegar ese momento. Odio que no sepas admirar, valorar, pero a la vez izar la bandera del reconocimeinto cuando eres tú quien doma a la fiera del circo. Odio esperar tu complicidad. Odio que necesites la mía. Odio tus silencios. Odio que tu vómito de palabras categoricen sobre el charco anteriormente formado. Odio que te guste el country, que no aprecies los solos de John Coltrane. Odio que sintetices las baterías de los Stooges. Odio que no te guste el fútbol, que si te hablo de Mohammed Ali creas que es un moro que ha muerto en patera. Odio que hayas olvidado mi número de teléfono. Odio que la noche varíe tu insultante forma de ser, cambiando patadas por abrazos. Odio no apreciarte. Lo dicho, odio no ser como tú.
08/12/2007 17:58 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 4 comentarios.

"Hostias, ha llegado la Navidad"

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Enciendes la televisión y pronto te das cuenta de la vorágine en la que has entrado. Dejas de lado octubre y noviembre casi sin darte cuenta mientras añoras viejos abrigos en los que el estrago del frío te llegaba a encadilar. Observas como la vorágine del consumo se apodera del trabajo diario de tarjetas de crédito. Entonces reflexionas y piensas "hostias ha llegado la Navidad".

Sales a la calle y te das cuenta que esa enfermedad compulsiva que la realidad virtual te ha ofrecido, pasa junto a tí. Te roza e incluso te intenta convencer. Esta vez has logrado salir del paso. Pero tranquilo que en tu frágil consciente subyace la frase "hostias ha llegado la Navidad".

Meditas la importancia de una fecha que hasta bien poco te ofrecía todo lo que un niño desea: vacaciones, la oportunidad de adquirir los regalos utópicos del resto del año con sólo echar una carta en un buzón y la excusa de sentirte libre "porque Papá, es Navidad". Es cierto que has crecido. Ahora sabes que los renos no vuelan, que tres inmigrantes no pueden conseguir juguetes para todos los niños del mundo y que la capa de Ramón García es igual de infame que hace diez años. Sin embargo, esa 'masa social' -es decir tú, yo, algunos más, quizás el total de la gente- que te rodea vuelve a situarse en lo "acertado". Categorizan con su contracultarildad como bandera de lo alternativo y marcan el territorio: "Pues a mí cada año me da más asco la Navidad". Escuchas, agachas la cabeza y asientes. En el fondo sabes que no hay nada distinto en ellos salvo el complemento otoño-invierno de turno que han encontrado.

Pues bien, a mí me gusta la Navidad. Deseo impregnarme del olor a castañas, comprobar que cada día los juguetes son más caros, reirte de las luces que no lucen por, quizás impagos del Ayuntamiento; comprobar que detesto los polvores, mantecados y turrones varios, saber que tu abuela cada año cocina mejor y pedir ayuda cuando tengas que envolver regalos. Es sencillamente la excusa de los que no somos creyentes para dar rienda suelta a nuestra mejor cara 'pseudo-cristiana' y establecer una mera fecha para reunirte y charlar. A charlar. A eso, me invita la Navidad.

Llega la Navidad y crees entonces que es el momento de derramar tu alternatividad sobre lo que antes te invitaba a la felicidad. Aprovecha y busca un vuelo barato a Mauritania para derrochar tu particular oferta de Fin de Año. Que no falten uvas, champán y socios de Greenpeace. Pero eso sí, antes cómprate esas zapatillas que deseas porque "hostias, ha llegado la Navidad". ¿Y la diferencia?

 

 

 

 

 

08/12/2007 04:38 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo No hay comentarios. Comentar.

El tiempo se va

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Son las 20 horas. Ya llegas tarde. Desgraciadamente esta práctica se ha convertido en habitual. El maravillo transporte público madrileño te ha impregnado de esta característica de la que dudosamente alguien pueda estar orgulloso. Lo aseguro para futuras tardanzas. Llegas a la cita y las múltiples miradas se ciñen a cada zancada que se aproxima.

-Hola qué tal -añades a modo de excusa

Las sonrisas de medio lado de respuesta no son sino una prueba de su espera. "Vamos cabronazo" exclama quien ya se ha concienciado de esta extraña facultad.

La pregunta sobre el próximo destino se antoja en el horizonte cuando el goteo de movimientos se hace constante. Hace tiempo que no ves al resto de amigos y la frialdad se impregna de cada mirada y de cada gesto. Es curiosa esa sensación que nos apacigua cuando se da con amigos, familiares o ex. Las mascotas son un caso aparte.

-¿Qué hacemos ahora? -preguntas en un halo de conjunción-

-No sé, me da igual -responden

Es entonces cuando te das cuenta que en otro momento la reacción hubiera adquirido otro cauce:

-¿Qué hacemos ahora?

-No sé, me da igual

(silencio)

-Da igual, lo importante es que nos volvemos a juntar después de días, semanas e incluso meses

-Eso es

Junto a esas palabras, el acompañamiento de un emocionado gesto que escenifique que nada ha cambiado debe ser obligatorio.

Pero no es así. Lo idílico nunca fue contigo. Tras unas cervezas -multiplicadas por dos- y una cena que te sienta como dos alpinistas saltando sobre tu estómago, crees que una copa podrá apaciguar la frialdad reinante. Esperas, lo intentas, miras y asientes. "Me voy", aseguras mientras observas como alguien apura agua derretida del hielo y eso que los hosteleros llaman alcohol. Tú y yo sabemos que es veneno disfrazado de garrafón.

Un gesto de condolencia, como si creyesen que te estás equivocando y un "hasta luego". Sales a la calle y dos amigos esperan fuera. Miradas de complicidad, hachís mediante, y la sensación de acertar. Alguna risa y un silencio necesario que se inserta antes de dar paso al retorno. Sabes que te sientes cómplice de lo que necesitas. Para otros, dentro del bar parece que el tiempo no ha pasado. Para tí sí, llevándose tras de si gestos que no se atrevieron a regresar. Pero ahora ya te da igual. Caminas para casa y la cena te sigue jugando malas pasadas. El tiempo sigue corriendo, aunque esta vez a tu favor.

07/12/2007 16:21 Autor: Josu. Enlace permanente. Tema: Reflexiones de medio pelo Hay 4 comentarios.