Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
Resumen
- 18/04/2008 01:30 - Oficio a cambio de miedo
- 20/04/2008 03:40 - La proximidad de un bulto
- 24/04/2008 00:37 - Ahora el cambio de ciclo puede esperar
- 27/04/2008 03:56 - Llorando en un Laogai
Oficio a cambio de miedo

A lo largo de toda la temporada, el Valencia ha sufrido un auténtico pandemonium. Cada paso que desde la directiva se daba servía para exponer públicamente unas vergüenzas que han llevado al equipo hacia el abismo, la humillación deportiva. Deprimidos en su forma y en su fondo, esta plantilla, configurada para grandes hitos, no ha sabido hacer frente a las expectativas que se esperan de su calidad, herida quizás en todos y cada uno de los movimientos de ilógica imperfección que desde las altas esferas del club se han llevado a cabo. Pero el fútbol es de los futbolistas. Y la final del miércoles dejó bien claro que la esquizofrenia en la que están inmersos los valencianistas sólo se cura desde dentro. Desde el papel de psiquiatra que los futbolistas han de sacar cuando la enfermedad ya está expandida. Esta final de Copa era un inmejorable escaparate para demostrar que esta locura tenía solución. O en parte. Y el Valencia se agarró a sus mejores jugaores para empezar a salir de ella ahora que la temporada se acaba.
La receta fue el oficio. Eso y que enfrente tenía a un cándido Getafe que se presenta ante los mayores de su clase con un respeto, llamémosle, preocupante. Ya le pasó el año pasado en su primera final disputada ante el Sevilla (3-0 para los andaluces), y esta temporada con la agónica-sorprendente-esperanzadora eliminatoria de cuartos de final de la UEFA ante el Bayern de Munich. Ayer volvió a repetir ese papel que otorga un permiso en el caso de derrota pero que trae consigo un desconfiante tufo a equipo pequeño. A no competitivo. A proyectos imperfectos. Con una historia tan romántica y dulce, todos nos hemos hecho un poco del Getafe, pero con el ahínco de almas desconocidas no se ganan ni novias ni loterías. Y mucho menos, títulos.
Así, ese Valencia estableció un estrecho margen de permisibilidad desde el primer minuto. Con un soberbio Baraja, acompañado de Silva y Villa en el triángulo de la culminación, los chés ya mandaban por 2-0 en el marcador en el minuto 10. Esa es la diferencia entre quien sabe qué es una final por la experiencia adquirida a lo largo de su historia y quien se sabe finalista por los incontables méritos de los que ha hecho gala. Los primeros -Valencia- se agarraron al orgullo de unos futbolistas que aún deben demostrar mucho más que las pinceladas que han dejado esta temporada. Los segundos -por obviedad el Getafe- aún deben aprender las consecuencias de la ingratitud que el fútbol te proporciona. Ya colecciona algunos cachitos.
Esos dos goles supusieron para los de Laudrup un choque de civilizaciones en los morros. Se dieron cuenta de lo que es la infererioridad. Miraron atrás y en ese momento parecieron entender que el mundo de los pobres aún quería mucho de ellos. Como si el éxito o la heróica no fuese con su forma de andar o de vestir. En definitiva, con un impasible estilo que Granero quiso apartar él solito moviendo al equipo con la velocidad que los pulmones agotados te otorgan. Así llegó el penalti sobre Contra que anotó el canterano madridista. Gol. Mientras hay vida hay esperanza.
Pero esa esperanza quedó dinamitada con la primitud con la que el Valencia volvió del vestuario. El mundo valencianista contra Granero. El coloso en llamas. Testarazo de violencia, casi insultante y la Copa para una ciudad que no se conforma con este estado del bienestar que la felicidad efímera otorga. La experiencia contra el incrédulo ímpetud. Dos trayectos que se cruzan. Mientras tanto, la cabeza de Koeman sigue oliendo a pólvora y Getafe a derrota. Mucho oficio para tanto miedo.
La proximidad de un bulto

Tiempo atrás había sentido la necesidad de acudir al médico. Había notado un pequeño bulto debajo de sus pechos. En un principio no era muy alarmante, pero viendo sus antecedentes familiares y la tranquilidad con la que la conciencia descansa cuando el especialista te observa, decidió acudir para dejar de sentir esa necesidad. En casa, había dejado la maleta preparada para enfrentarse a lo peor. A una posible realidad que tan sólo quería ver con el rabillo del ojo.
Mientras él, había dejado de saber cómo ayudarle. Aunque no lo demostrase, la amaba con todas sus fuerzas porque tenía muy claro lo que representaba en su vida: la figura que encuentras y a través de la cual gira una estabilidad que sólo su sonrisa le proporcionaba. Es cierto que los guiños de complicidad cada vez eran más escasos, pero nunca había dejado de quererla. Tanto para él como para un futuro en el que sonaban campanas con un tono cada vez más grave. Sin embargo, su amor por ella no daba tregua cuando ella y su bulto se alejaban. A poco que la recordaba, también estaba presente lo que sentía por ella. Y eso le castigaba si miraba atrás, sencillamente porque se había enamorado de la persona, del cariño, de las eternas batallas, de sus sueños, de su bulto.
Las pruebas tardaron en llegar. Mientras, ella vió que sin su apoyo, esa dura lucha por mantener la esperanza multipolar no merecía le pena. Decidieron alejarse el uno del otro. Quizás para siempre. Quizás para que fuese ella sola la que se tocase los pechos y dejase de sentir ese bulto disfrazado de malestar e incomodidad. Quizás para salir del hospital y encontrárselo esperándola a las puertas del mismo. Quizás para que, en un gesto macabro, él quisiese que fuese algo más que una simple revisión médica y de esta manera no despegarse ni un solo segundo de ella.
Ahora el cambio de ciclo puede esperar
Llegaba el Manchester a Barcelona como el definitivo acicate de una plantilla azulgrana que ha dejado de creer en sus posibilidades. En el juego colectivo, en la búsqueda de una identidad llamada a marcar época, en la consecución de un ramillete de títulos más amplio que el hasta ahora logrado. En definitiva, el Barcelona parecía llegar a estas semifinales casi sin quererlo. Ante ello, el peor contexto posible lo pintaba el rival: un Manchester United al que nadie se atreve a tildar de inferior en cualquier competición. Formado por un crepúsculo de jóvenes y maravillosos futbolistas que intimidan tan solo con salir al terreno de juego, la Champions League se presenta como el espejo ante el que los ingleses se miran para consolidar este proyecto de cara a un futuro cercano y proyectarlo a un fútbol mundial que se rinde con pleitesía.Dos años atrás un empate a cero hubiera sido un mal resultado para un Barcelona que ahora tiene en el Manchester un fiel escudero del estilo propugnado entonces. Sin embargo, el tortuoso camino que los catalanes se han empeñado en recorrer desde entonces promociona las oportunidades del Barcelona que, en el caso de haber recibido ese gol de penalti en el primer minuto, ahora estaría eliminado. Ese fallo pareció otorgar la confianza a un cuadro que realizó uno de los mejores partidos que se recuerdan en las últimas temporadas. Posesión, salida rápida del balón y la búsqueda del camino fácil como señas de identidad que anularon al Manchester. Ni Rooney (sólo un escalón por debajo del fabuloso Cristiano Ronaldo), ni Tévez, ni Schooles en el ataque y en la medular eran capaces de soportar los finos alambres en los que se sostenía ante la mejora del Barcelona anoche. Mejora dentro de esa enfermedad en la que la falta de gol fue el único síntoma preocupante que los de Rijkaard dejaron anoche.
Pero igual que antes del partido el Barcelona no apostaba ni por si mismo para estar en la final y el Manchester rechistaba sobre su ego sabiéndose superior, la segunda parte de esta eliminatoria dilucidará si el cambio de ciclo se reflejará a favor del Barcelona, no sin dejar de lado las penosidades que le han acompañado hasta el momendo, o del Manchester United para abanderarse como el ciclón de esa maravillosa esencia que lleva consigo la Premier. Con Deco, Messi, Márquez e Iniesta en plena forma este Barcelona puede soñar con llegar a la final. El camino lo emprendió ayer. Para el próximo martes tan solo quedará el gol. Entonces, el cambio de ciclo sí puede esperar.
Llorando en un Laogai
Entrevista de Yolanda Monge a Harry Wu, disidente chino, en EL PAÍS de hoy domingo en la que se desmonta la imágen que la China olímpica ahora quiere proyectar. En concreto, se habla de los laogai, unos centro de tortura a modo de cárceles en las que las torturas están a la orden del día. Nada nuevo, pero de interés para seguir indagando en los métodos empleados por el gigante asiático.
Pregunta. ¿Qué es el laogai?
Respuesta. El laogai es muy común en China. Nadie habla de encarcelamiento. Se habla del laogai. Es el vasto sistema de reforma por el trabajo que existe en la República Popular China. Lo creó el Partido Comunista bajo la dirección de Mao Zedong, y servía entonces y sirve hoy como un instrumento de la dictadura para detener y encerrar tanto a los disidentes políticos como a los criminales. Lao significa trabajo; gai, reforma, lavado de cerebro.
P. ¿Cuál es la función política del laogai? ¿Y la económica?
R. Muy sencillo. Usar a los prisioneros como fuerza barata de trabajo, incluso gratuita, en manos del Partido Comunista y reformar a los reos a través del trabajo duro y el adoctrinamiento político. Desde el punto de vista económico, se explota a los prisioneros para financiar con divisas el régimen comunista. En 1991, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley que prohibía las importaciones de productos cultivados en campos de trabajo forzado. Y los chinos dicen que no lo hacen, que los productos de los campos laogai no son para exportación. Pero en realidad, sí. Lo que pasa es que son exportados indirectamente. Las empresas de laogai son los productores, pero no los venden directamente al extranjero, sino a una compañía de comercio estatal, y ésta, a su vez, los venden en el extranjero. La gente debería ser consciente de que, cuando se compra un juguete made in China, en muchos casos se están comprando las lágrimas y la sangre de un preso.
P. ¿De cuántos presos hablamos?
R. Imposible saberlo. No hay cifras. Puede ser tan alta como diez millones o quizá sólo cinco. Hoy día rondará los tres o cuatro. Tampoco sabemos el número de muertos, por inanición, enfermedad, palizas o frío, pero no bajará de los 37 millones.
P. Entonces, ¿existe hoy el laogai?
R. Existe como sistema. ¡Claro que existe! [sube el tono de voz, indignado]. Lo único que sucedió es que, tras una comparecencia mía en el Congreso de Estados Unidos y unas declaraciones al diario The Washington Post en las que decía que me gustaría ver incluida esa palabra en el diccionario de Oxford, pues... en China se armó gran revuelo y decidieron seguir con el mismo método, pero lavándole la cara. De laogai pasaron a llamarse cárceles..., pero es la misma tragedia olvidada.
P. ¿Quién ocupa hoy ese tipo de cárceles?
R. Eso ha cambiado algo. En China, en los primeros 30 años de la Revolución, entre 1949 y 1979, la mayor parte de estos encarcelados fueron prisioneros políticos. En China dividieron a la gente en diferentes clases. La clase burguesa, la clase propietaria, la clase trabajadora y la clase campesina. Las campesinas y trabajadoras las calificaron como las clases revolucionarias. La burguesa y la propietaria, hicieran lo que hicieran, eran las enemigas de clase. Lo que sucedió es que muchas, muchísimas personas, sólo por pertenecer a una de esas dos clases, fueron enviadas a los campos. En los primeros 30 años, tal vez el 80% de los prisioneros estaba allí simplemente por su clasificación social. Ahora, en los campos de prisioneros las cifras se han invertido. El 80% son presos comunes, y el 20% restante, políticos. Pero quiero dejar algo bien claro. Ya seas un violador, un narcotraficante o un ladrón de bancos, y aunque nada tengas que ver con política, te siguen mandando al laogai y, previamente, tienes que renunciar a tus creencias políticas y religiosas. Tienes que reconocer que vives por y para el comunismo, ése es el objetivo.
P. ¿Cómo es posible que en China existan 13.000 trasplantes de órganos al año si no hay donaciones?
R. De nuevo la misma respuesta: laogai. El primer país del mundo en trasplantes de órganos es Estados Unidos (50.000, todos registrados); el segundo, China. De esos 13.000 trasplantes, el 95% procede de prisioneros ejecutados. Nuestra fundación estima que cada año existen entre 8.000 y 10.000 aniquilados en los campos de trabajo. La farsa llega tan lejos que la exposición conocida como Bodies, que exhibe las entrañas de los cuerpos humanos, se componía de cadáveres de ciudadanos chinos. La compañía americana que lo financió se llama Premier... Una de las exhibiciones fue en Rosslyn [afueras de Washington]. Yo la vi. Y comprobé que eran todos chinos jóvenes y varones. Quisimos preguntar al Gobierno chino: ¿quiénes son?, ¿quieres ver allí a tu hermano? Claro que no. Pero no hubo respuesta.
P. ¿No salva nada de los casi 60 años de República Popular China?
R. Sin derechos humanos no hay nada que salvar. China tiene una ley de control de la población. Eso es un tema de derechos humanos. Cada mujer en China, el 22% de la población mundial total, y no es ninguna broma el dato, no tiene importancia si está casada o soltera, pero tiene la obligación de pedir permiso al Gobierno si quiere tener hijos. Dar a luz es un derecho humano, pero el Gobierno lo impide. Además, sólo se permite tener un hijo o una hija. Ese hijo aprenderá lo que son hermanos y hermanas en el diccionario porque jamás los tendrá. Tampoco tendrá tíos o tías... Ésa es la realidad. En China no hay libertad. Ni de pensamiento, ni de reunión, ni de religión.
P. China se está preparando para un gran acontecimiento este verano: los Juegos Olímpicos. Pekín cree que ésta es una buena oportunidad para proyectar una imagen distinta del país...
R. Los Juegos duran exactamente 18 días. Los derechos humanos son permanentes. Hablaremos de las olimpiadas en China hasta agosto. Después de ese mes no se volverá a hablar de ello. Cierto es que los Juegos son una oportunidad para que se enfatice el tema de los derechos humanos. Pero si los países no intervienen, no actúan, no emplean algún tipo de bloqueo con China..., seguiremos contando muertos. Ya sean del laogai o de Tiananmen.
P. En su opinión, ¿cómo debería actuar la comunidad internacional con China?
R. Estados Unidos no tiene relaciones con Cuba. Ni con Corea del Norte. Y sin embargo, Bill Clinton negoció acuerdos millonarios con el régimen chino, una dictadura comunista corrupta. George W. Bush recibe sin sonrojo al presidente de China... Podría seguir... Su país, ¿qué hace su país? Nada, como el resto del mundo. Nadie hace nada. ¿Y por qué? Por el dinero. Ésa es la única razón. Hay mucho dinero en juego.
P. ¿Está cansado? ¿Enfadado?
R. No estoy enojado. Ya se ha terminado. Ha terminado [se emociona e intenta contener las lágrimas]. Aunque a veces siento que todavía estoy allí. Y entonces veo a Bush dando la mano y la bienvenida al líder de China... Eso es terrible. Tras la II Guerra Mundial existieron los juicios de Núremberg... ¿Qué pasa con China? [No hacía falta preguntar si está cansado. Su cansancio lo arrastra desde que abandonó su país hace más de dos décadas. Desde entonces ha vuelto en varias ocasiones. Una de ellas, para filmar secretamente un documental de CBS de la serie 60 minutes sobre los laogai. En esa ocasión hizo un testamento antes de abandonar California...].
P. ¿Qué recuerdo le atormenta más de aquellos días?
R. Tengo muchos, todos ellos terribles, pero uno de los que más me obsesionan es aquel día en que ayudaba a otro preso a recuperarse y... finalmente lo mataron. Se murió. De hambre. Era el silencio. Allí estábamos todos tumbados, era de noche, unos al lado de los otros, apretujados por la falta de espacio. Todos callados. Nadie se reía. Nadie gritaba. Nadie lloraba. Todos los días llegaba gente. Todos los días se llevaban a los muertos. El idioma que se hablaba era el de la muerte. "¿Donde está el señor Lee?". "Se lo llevaron como un rollito de primavera". Terrible.
P. Usted ha vivido para contarlo...
R. Sí, pero no soy un héroe. Si eres un héroe, te mueres. Cuando eres un héroe rechazas los interrogatorios. Si luchas, te mueres. ¿Querían que reconociese un crimen? Reconocí mi crimen. Lo que sea. Abandoné mi condición de ser humano. Me reduje de un ser humano a un títere.
P. ¿Llora?
R. Durante muchos años no sabía lo que eran las lágrimas. Nunca lloré. Escuchaba a la gente muriéndose y no sentía nada. Cada mañana me levantaba e iba a trabajar. Así era todos los días, durante 20 años. Por la tarde, cuando regresaba era para buscar comida. Robaba la comida de otros. Me iba a dormir. Eso era todo.
P. ¿Sigue siendo católico?
R. No. Era católico. Era católico cuando tenía 20 años. Después, durante 20 años en el laogai... Dios no me sirvió.
P. ¿Cuándo dejó de ser Wu Hongda para convertirse en Harry Wu?
R. Desde que llegué a Estados Unidos cierro la puerta de mi casa con cerrojo para no dejar entrar al pasado. No quiero saber nada de la política, no quiero leer periódicos. Sólo quiero disfrutar el resto de mi vida. Aunque eso es muy difícil. Pero soy un hombre libre. Me acuerdo de tanta y tanta gente que no es libre... Tantos y tantos. Tú no entiendes, nadie entiende. Tengo 71 años y el final de mi camino está próximo. No me importa. Casi crucé esa línea dos veces. Ahora soy Harry Wu. Un hombre libre. Con una esposa y un hijo de 10 años, Harrison. No me importa ya cuánto tiempo me queda.

