Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.
Resumen
- 05/05/2008 19:03 - Un título que no admite discusión
- 12/05/2008 15:12 - El Atlético parece volver
- 13/05/2008 17:14 - Quizás tú tengas un título mejor
- 19/05/2008 17:18 - El casco era lo de menos
Un título que no admite discusión

Las heroicidades, como las buenas noticias o la sobredosis de endorfina, tiene un valor doble cuando se sienten, se relatan y se completan. El Real Madrid salió airoso anoche de El Reyno de Navarra, de la Liga y en general de un trámite que tarde o temprano no tardaría en llegar. Como el campeón ya se sabía como tal desde hace tiempo, los blancos quisieron darle ese aroma a momento colosal con una remontada en los últimos minutos en la que todo estaba en contra: dos jugadores menos, un rival que a día de hoy huele a Segunda división, lluvia, Saviola en el once titular... Algo de sangre, mucho de sudor y pocas lágrimas para corroborar un buen trabajo el que este equipo ha desarrollado en estos nueve meses de competición. Si para ello, la montaña se corona con tintes de dramatismo, el final de la película sabe mucho mejor.
Porque a falta de un juego definido, bonito y estiloso, los de Schuster han sido los más regulares en esta campaña. Y sin duda, esa característica les ha proporcionado más de un punto de ventaja frente al resto de rivales que han visto en los blancos una punta del iceberg que nunca alcanzarían. El Villarreal, porque desde el principio sabía que esa no era su batalla, el Sevilla porque ha estado más pendientes de retomar viejas gestas que de mantener ese atrora espectacular nivel a lo largo de este año y el Barcelona, porque ha promulgado por todos los costados cómo no elaborar un organigrama político-deportivo-social donde ha parecido premiar más la constancia por demostrar que el pasado no estaba muerto a definirse ante los nuevos tiempos. Renovarse o morir ante un cruyffismo que se ha escondido en todos y cada uno de los rincones en los que los catalanes se han movido.
Así, y con Sevilla, Barcelona y Valencia arremolinados ante una mediocridad de diversa marca, el Real Madrid ha sabido adaptar el discurso de la sencillez a su juego. Sin alardes de una grandeza que sí emana de los títulos, los blancos han vertebrado su plantilla en un gran portero, una defensa polivalente que se ha adaptado a las urgencias históricas que esa posición reclamaba, a un centro del campo batallado por la ligera mejora de Gago en el centro, las genialidades en forma de visión de juego que la bota izquierda de Guti posee, la vertebralidad de Sneijder y la rotación de Robben y Robinho como ejes entre el medio campo y la punta del ataque. Por cierto, en la mejor versión del Real Madrid, el brasileño dejó una lucidez en su juego que hacían ver algo más de lo que nos había enseñado. Maneras de estrella. Falso. Dudo mucho que el brasileño pueda dar mucho más de lo que hasta ahora ha demostrado en estas tres temporadas. Una lesión en los abdominales -parece que extrapolada a la cabeza- se lo han impedido. Una lástima. Arriba, el Madrid ha sabido sacar jugo a un puñado de futbolistas que, encabezados por Raúl, no se rindieron ante la desconfianza reinante: la fiabilidad de Van Nistelrooy hasta la lesión, la eclosión progresiva del acomplejado Higuaín o el aporte de goles del centro del campo han sido suficientes para que este equipo sea el más goleador de la Liga. Y todo ello sin hablar de la marginalidad progresiva de Saviola, Baptista o Soldado a la que Schuster ha acentuado en las últimas semanas. Con este título, el alemán se doctora en un rango que supera la mediocridad de nombres y hombres que sus anteriores equipos arrastraban. Los modales, aún es su asignatura pendiente. Poco a poco.
En definitiva, este equipo se ha alzado con el título liguero siendo máximo goleador y menos goleado, con una plantilla constante que no ha alcanzado los 15 jugadores y con una sensación de superioridad preocupante para ese elenco de equipos perseguidores que vieron al Madrid campeón desde varias jornadas. Quizás meses. El Camp Nou dictó sentencia en diciembre. Desde entonces, los blancos siempre se sintieron por encima de sus rivales. Desde entonces, el Madrid ya era campeón.
El Atlético parece volver

El Atlético volverá a la Champions la próxima temporada tras once temporadas (traducidas en trece años) de ausencia en el fútbol europeo de alta competición. Desde aquella eliminatoria ante un Ajax en plena descomposición, la trayectoria deportiva del equipo no ha admitido un solo ápice de confianza. Entre medias del abismo, el descenso a la Segunda División conceptualizó en el terreno de juego el desastre institucional en el que el Atlético ha estado inmerso en los últimos años donde los proyectos manidos han estado siempre presentes. Jugadores reflotados bajo sustanciosas comisiones, entrenadores avenidos a probar suerte o el disfraz de pupas se han escondido bajo una lenta recuperación que desde ayer ya tiene cura. El Atlético vuelve a sentirse importante y los penosos tratamientos para llegar a ello parecen, al menos desde ayer, dejarse de lado.
Ahora la reprobación de si ese cuarto puesto se merece, admite otra discusión. El equipo ha conjugado un estilo de dudoso reconocimiento donde un innegable potencial en ataque no han podido ecliparse a una ridícula defensa. Entonces, el equilibrio merece un ínfimo aprobado gracias al trabajo de un Raúl García desorientado con la marcha de Maniche y centrado sólo con la efervescencia de un chico de 18 años que Aguirre decidió hacer debutar cuando creía que su finiquito estaba más que firmado. La gran temporada de Agüero y Forlán, con aportaciones cada vez más frecuentes de Simao o Maxi, han sido suficientes para sacar al Atlético de una mediocridad que ha ahogado a todo el mundo rojiblanco.
Sin embargo, esta perenne alegría que se ha instalado en la órbita atlética no debe esconder las muchas penosidades que se han escondido hasta desatar esta ansiedad del cerebro de la entidad. Tanto antes como ahora. La Champions exige un sobreesfuerzo tanto económico como de competitividad (a la que el equipo renuncia de manera insultante) para los equipos que la ven como una oportunidad de ir acomodándose en la élite del fútbol europeo. Los contratos jugosos y el prestigio no suelen ser un valor seguro cuando la gran Europa, la de la ley Bosman, la de los multimillonarios, entra en juego. El ejemplo de Betis, Real Sociedad (descendieron el mismo año que la jugaron) o Mallorca y Sevilla (en el alámbre del mal sabor de boca) es al que el Atlético debe agarrarse para no bajarse de un club de grandes equipos que seguro que lo esperan con los brazos abiertos.
Este retorno comenzará con la duda de si Aguirre seguirá en el banquillo para el futuro proyecto. Todo pinta a que no, a pesar de su conocida renovación automática. El siguiente paso será reforzar una plantilla trastocada de continuos parches y de amagos de mal llamados futbolistas de primer nivel. De esto, la defensa actual sabe. El disfraz de pupas como alfa y omega del club ya ha dejado de funcionar. Y todo ello, a pesar de tener a un tipo llamado Kun. Posiblemente el mejor jugador de toda la Liga. Genial Agüero. Irreconocible un Atlético que, esperemos, parece volver.
Quizás tú tengas un título mejor

Al caminar dejaba entrever una ligera cojera. Uno debía fijarse muy detenidamente para apreciarla dada la buena predisposición que tenía a disimular las asperezas que de su paso emanaban. De lo que estaba seguro, era de que esa mal formación no era congénita. Quizás había sido fruto de algún ataque a plena luz del día -cuando las aves orientales huían con el olor a pólvora-, por el impacto de la metralla de algún coche bomba colocado en el eje de coordenadas exacto, o sencillamente porque la falta reincidente de calcio había impedido el flujo normalizado de sangre hacia esa zona. Nunca me atreví a preguntarle el motivo por el que cojeaba. Cuando uno se acostumbraba a ello no le daba más importancia aunque creo recordar que era la derecha la que le proporcionaba esa inclinación en sus extremidades inferiores.
En la zona, la desolación se había apoderado de lo que hasta no hace mucho tiempo era un reclamo para estrategas que juegan su papel en la esfera internacional. Pero también era un destino dulce para turistas ansiosos de volver con una bonita historia, periodistas que rezumaban guerra con el deseo de una paz duradera o empresarios tocados por la varita de un capitalismo que no entiende de fronteras ni de daños colaterales. Los de allí nunca dijeron nada, nunca se opusieron a nada, nunca dejaron de confiar. Apenas tenían motivos sino contrastar los constantes rumores que hablaban de ser cuna de un terrorismo que, hasta ese momento, en las calles no se había presentado. "Buenos días, soy el terrorismo", debieron haber dicho ante la presencia de algún nativo. Como no fue así, nadie creyó que la cosa fuese tan grave como se decía.
Ha pasado tiempo desde entonces. El terrorismo nunca se llegó a presentar con modales. Por ello, los señores de la guerra utilizaron ese desafortunado escenario para robar los pequeños trozos de felicidad que de esa tierra emanaban. Lo droga también quiso ser partícipe de una actividad tan excitante apoderándose del adjetivo que te define de cara al exterior: ahora son un narcoestado en la que los dólares son la cabeza visible de un sociedad invertebrada y desigual.
En este marco, la palabra esperanza pierde su sentido. A casi todo el mundo se le ha agotado su particular reloj de arena con la misma. Ya no creen en el sarcamasco que antaño dominó la zona con bobaliconas sonrisa. Ahora los casquillos de bala han sustituido a los balones de fútbol, las celebraciones fúnebres a las bodas ortodoxas y los llantos de desesperación al cordial saludo con el ingenuo turista. La mirada de un niño se pierde bajo el rastro de un obús nocturno y la sonrisa de una mujer ha sido borrada por el terror. La sinrazón de la guerra nunca acaba. Tan sólo te da una tregua cuando has olvidado llorar. No creas que por alegría. Por desconsuelo y amarga reiteración. Tan repetitiva como el imperfecto y penoso caminar de quien tiene, aunque ligera, esa incómoda cojera
El casco era lo de menos

Giró con su coche el pequeño recóndito esquinado que separaba una calle con otra aún a riesgo de encontrarse con ella. Antaño, solía quedar cerca de esa zona, donde las relativas comodidades de los bancos de piedra y el azúcar plastificado de las gominolas servían de retiro espiritual. Sin caer en la cuenta de la zona en la que se encontraba, torció a la izquierda y, granjeado por el atasco reinante, pisó el freno y paró el coche casi en un insultante acto reflejo. Entonces, la vio reflejada bajo el cristal izquierdo.
Llevaba casco. Signo inequívoco de su pasión por una moto que descansaba a su vera. En ese momento era su única compañía. La seguridad que otorga el casco no está reñída con la plasticidad que en tu rostro forma. Nadie puede poner en duda que los cascos afean. En su caso no era para menos, aunque la planidad que en su cara se generaba hacía de ella lo más parecido a un pez dentro de una pecera cilíndrica con ojos grandes inclusive. Chof, chof. Afortunadamenta no había cambiado mucho. O al menos, creía que no dado lo que él podía observar desde su posición en el asiento del piloto y la escasa transparencia facial que el casco dejaba vislumbrar.
Sin darse cuenta parecía haber retomado una situación hasta entonces conocida pero desde aquel momento un tanto extraña. Sin capacidad de reacción, esperó a que el coche anterior partiera, el tráfico diese una tregua, aceleró y dio rienda suelta a la oportunidad perdida. Llegó a casa. Recordó aquellos escasos segundos -intuyendo la desaparición del casco en esa imaginaria fotografía, claro está- y rezó por seguir deseándola. Aquella noche no tuvo ninguna duda: se masturbó pensando en ella.

