Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.
Resumen
- 05/11/2008 06:24 - El color de la historia se tiñe de negro
- 17/11/2008 15:26 - Con sabor a anemia
- 30/11/2008 02:24 - El futbolista milimétrico
El color de la historia se tiñe de negro

Barack Hussein Obama ya es el nuevo presidente de los EEUU. La noticia no radica en su confirmación oficial, sólo un hecho cuando la estadística estatalista así lo confirma, pero una realidad días atrás cuando las encuestas ya garantizaban que este afroamericano se convertiría en el primer mandatario estadounidense no de raza blanca. Ya de paso, Obama ha doblado en delegados a su rival republicano, John McCain, logrando ya de paso la mayoría demócrata en el Senado, tan importante para las cuestiones de seda y salón que esconde la política estadounidense.
Desconocido hasta hace cuatro años, sólo valorado en ámbitos locales de Chicago; la carrera política de Obama ha tenido en esta noche la culminación del éxito personificado. Sólo con su desgastador mano a mano con Hillary Clinton en unas largísimas primarias, el triunfalismo con el que de ese período salió, daba una imagen vivaz de que Obama ya era una símbolo dispuesto a cambiar la historia del presidencialismo norteamericano, tan acostumbrado a las rígidas burocracias que los despachos de la Casa Blanca emanan.
Obama se ha catapultado él mismo hacia el más alto cargo estadounidense, pero impulsado por una nefasta, insultante y tremebunda política que los ocho años de la Administración Bush han demostrado. Rígidos en su forma y en su fondo, la población de EEUU ve en Obama ese acicate que le devuelva el sino al ciudadano medio del país. De ahí, que las muchas expectativas puestas en el Barack Obama-personaje son muchas más que las depositadas en el político. Y ahí puede radicar el principal escollo que el afroamericano debérá salvar. Hasta entonces, Obama es la principal esperanza para ciudadanos descontextualizados en una crisis institucional sin precedentes. Agarrados a su discurso renovador, a la fuerza con la que se ha presentado en el espectro internacional, Obama será el ágora en el que todo el país se volcará para verse seguro. Para ello, EEUU demandaba motivación para salir a votar. Un sólo suspiro de Obama parece que se la ha otorgado: participación histórica con un 60% acudiendo a las urnas.
Grandes respuestas eficaces para hacer frente a la crisis económica, entre las que se incluye un contacto directo y paralelo con la UE, así como uno rápido y poco doloroso plan de retirada de Irak, son los dos primeros baluartes en los que trabará Obama en la sombra hasta que Bush abandone la Casa Blanca. Será en el mes de enero. Para entonces el fenómeno Obama se habrá evaporado. Para entonces, el viento de Chicago -el que más sopla en todo EEUU- será una realidad que dará paso a un huracán afroamericano que acababa de hacer historia.
Con sabor a anemia

Siempre se había mostrado demasiado ciclotímico para un ritmo vital que no le permitía conjeturas de ninguna o dudosa índole. Siempre había otorgado al beneficio de la duda un estado emocional para nada acorde con una mirada serena, fija, insultantemente estructurada en sus ideas, en convicciones disfrazadas a menudo de espinosos matices. Sin embargo, esta vez había degollado por completo el único reducto de felicidad que le quedaba: ese que alguien le había otorgado, aquel que siempre había sentido arrebatado.
Pensar en el mañana le asfixiaba. Nunca había sufrido irrisorios ataques de ansiedad, pero ahora su respiración se entrecortaba cuando pensaba en vitalizar su existencia. Sus fosas nasales ardían y cerraban el paso a la salida de aire. Cuando intentaba expulsarlo creía tener los orificios taponados con polvo fino, manchado, encandecido de una propia insuficiencia que le ahogaba. En lo físico y en lo psicológico. Aunque no podía hacer nada, no aguantaba imaginársela desnuda frente a otro. No soportaba saber que subastaba su cariño a otro mejor postor. Su estómago rezumaba ardor, su voz emitía sequedad. Dos botas pirenáicas galopaban por todo su cuerpo sólo de saber que esa inimaginable realidad era algo más que un disfrute ajeno. Era la percepción de un pasado inigualable, de un presente desconcertante, de un futuro inexistente.
Él había alcanzado el vacío espacio de la soledad. Entonces, buscó la perspectiva. No la encontró. Como un caballero, sólo le quedaba despedirse, no sin antes recordar todo aquello: el sabor a óxido, a hierro, a anemia. Él había dejado dejado de montar en la infructuosa noria de la ciclotimia. Él era venas, era nervio, era desesperación, era decadencia. En sus manos tuvo un imperecedero camino a la salvedad pero no supo dejar garbanzos que le guiaran hacia ella. Quiso pero no pudo, pudo pero no quiso. Sólo abogaba en desangrarse por dentro. Por fuera, lloraba pero no tenía lágrimas, reía pero no hacía muecas, buscaba consuelo sin encontrar sedación. Había admitido que la canción dejó de sonar. La triste melodía glorificó al silencio. Sólo entonces pudo respirar tranquilo. Sólo entonces, supo que ya era demasiado tarde.
El futbolista milimétrico

La madurez que Xavi Hernández ha alcanzado en su fútbol le ha convertido en el líder que marca la música de Barcelona y de la Selección Española. Con una batuta milemétrica que ritmea el estilo de sus equipos, Xavi también ha impregnado de seda el fútbol que despachan ambos equipos. Su forma de ensemblar su juego trae consigo el aprecio por el control, la obsesión por la precisión, el desprecio por la patada. Despacha a la perfección los conceptos básicos que su diccionario futbolístico muestra: control, pase y movimiento. Fotografías inequívocas que el Barça de las temporadas 2004-2005 y 2005-2006, el actual y la España campeona de Europa muestran.
La llegada de Xavi al primer equipo respondió a esa cultura que el Barcelona generó con el post-cruyffismo. Aterrizó en él para dar el relevo generacional a Guardiola, el jefe de la banda, cuando el suyo fue un despacho injusto alineado con un fin prematuro. En aquel equipo, Xavi buscó y encontró el papel de catalizador que ahora rezuma. Supo que la idea futbolística a desarrollar pasaba por su mecanicismo, por su precisión. Sin embargo, Xavi se infiltró en un centro del campo inocuo en su creación y desenfocado en su estilo. Un centro del campo faltó en su fondo, aburrido en su forma. Era el Barcelona holandizado, el de Van Gaal, el de la nada. Un Barcelona en busca de una identidad borrada con la necesidad y la impaciencia que el fútbol lleva consigo.
No fue hasta la llegada de Rijkaard al banquillo del equipo catalán cuando Xavi asumió el rol que, sin la finura de otros estilistas, trae consigo su baile de movimientos. Abondó la soledad de la medianía, para liderar la idea que desde entonces el Barça desarrolla. Con su 1’70 de estatura, el papel de complemento en un centro del campo rígido no era el suyo. Ni el de obstructor en tares defensivas. Necesitaba un espadero tras él para dotar de mecánica la milimetría que aquel equipo podía desprender. En aquel momento fue el fichaje navideño de Davids el que liberó a Xavi de la horizontalidad, para ubicarle en la línea de tres cuartos y desde ahí capitanear la verticalidad del equipo. Amplió su perímetro de trabajo y adelantó su posición unos metros para abarcar el enlace ofensivo con la construcción trasera. Y entonces el Barcelona abandonó el fútbol funcionarial para dar paso a un juego matemático con dosis de pura indefición. Anárquico de modales aristocráticos.
Llegaron los títulos y con ellos el asentamiento definitivo que la huella de Xavi dejó en una marca barcelonista modelada desde la salida de Cruyff. Su papel en todos los aspectos del juego, cada vez más participativo y presencial, otorgó al jugador la perfección en su cirulación, la exactitud de sus lecturas o el aprendizaje para golear. El futbolista completo para equipos complejos. Pero no ha sido tanto con los títulos en el Barcelona, como con la consecución de la Eurocopa por parte de España, cuando Xavi ha recibido el reconocimiento que el fútbol otorga primero y aplaude después. El juego visto con un fluído milimetrismo y una sencillez desprendida de la idea que Xavi enseña: control, pase y movimiento.

